Le quiero. Le quiero tanto como te quise a ti. Quizá más. He estado leyendo cosas que te escribí hace algunos meses, donde se hablaba de besos, de añorar el tacto de unas manos, de unos labios. Me he sorprendido a mí misma imaginándome sus besos, aunque los textos hablaban de ti. Nunca antes me había pasado, tú siempre estabas por encima de todos los demás, y ahora... Ahora él te eclipsa. Y es bonito, aunque me duelan los ojos al mirarlo directamente. Poco a poco, me digo. Poco a poco.
Ahora comprendo muchas cosas. Entiendo, por ejemplo, qué era esa extraña desesperación que me recorría las entrañas cuando me hablaba de ella. Yo podía creerme buena, la mejor amiga del mundo, pensando que lo único que quería era protegerle, evitar que le hiciesen daño, y estaba segura de que ella se lo haría. Tan solo ahora que lo veo todo claro me doy cuenta de que las razones eran mucho más egoístas. Estaba celosa, cómo no. Celosa de que aquella chica que no se merecía nada con él consiguiese a su lado lo que yo tanto ansiaba tener: felicidad. A veces todavía siento esa punzada en el pecho cuando me los imagino juntos, pero por una vez me he permitido confiar en alguien.
Supongo que esto significa que hemos acabado, el final de este baile de espadas que ha sido nuestra historia. No me entristece, si quieres que te sea sincera. Ya he conseguido de ti todo lo posible y, aunque todavía tengamos, tal vez, un par de cosas pendientes, eso puede esperar. Ahora me toca volar, volar lejos de ti. Quizá podamos ser amigos, de alguna forma, pero no caeré en tu trampa de nuevo. Se ha abierto la puerta y me voy. No sé si volveré, o volverás. Solo sé que prefiero estar lejos ahora que le tengo a él, aunque sabiendo lo unidos que estáis es posible que sea inevitable mantenerse cerca.
No pienso perderle por orgullosa, a él no.
Me tocará hacer gala de paciencia, quizá casi infinita, pero no imposible de tener. Nunca había tenido tanta con alguien, pero supongo que nunca nadie me había importado tanto como para tenerla. Lo cierto es que con él todo son sensaciones nuevas. Anoche tuve un sueño. Os juro por mi vida que lo tuve, que fue real. Se había muerto mi abuelo, y yo lloraba. Lloraba mucho, muchísimo. Estaba totalmente desquiciada. Sentía una desesperación demasiado real para ser un sueño, y tras muchos sollozos vi, encima de una mesa que antes no estaba ahí, la camiseta. SU camiseta, amarilla, de Wade. Y corrí a cogerla y la abracé, y me inundó una calma abrasadora. No era demasiado raro porque, como ya he dicho, era un sueño. Lo extraño fue despertar. Abrí los ojos y la almohada estaba empapada de lágrimas, como solía ocurrirme cuando tenía una de estas pesadillas, pero en cambio no sentía esa desolación propia de los momentos como ese. No fue hasta unos segundos más tarde, cuando me di cuenta de que lo que estaba abrazando era una sábana y no su camiseta, que la angustia se instaló en mi pecho e hizo que mi corazón latiese desbocado. Jamás alguien había tenido tanto poder tranquilizador sobre mí. A pesar del mal rato que pasé por la pesadilla, fue bonito saber que él podía calmarme en todo momento. Pero supongo que, si puede ayudarme a serenarme de esa manera, supongo que también podría hacerme perder el juicio. Y ahí llegó el miedo. El miedo a que se fuera, a que no me quisiera como yo le quiero, a seguir con esto, a pensar en él de esta manera, a confiar, a bailar sobre la cuerda floja. Miedo a perderlo, a que de verdad esté enamorado de ella, a que lo nuestro nunca sea nada más. Y también, en un rincón de mi mente, me da miedo que me quiera como yo le quiero. Me da miedo que sea un capricho como han sido otros tantos, me da miedo hacerle daño, romperlo. Sé que no es de cristal, pero jamás me perdonaría haberle hecho un solo arañazo. Teniendo en cuenta mi historial, quizás algún día me odie. Y esa posibilidad me aterroriza.
Y aquí estoy, entre inviernos y veranos, tempestades y océanos en calma, lágrimas, sonrisas, gritos, bailes, canciones, olvidos, recuerdos, pasado, futuro, saltos, bajones, cuchillos y corazones, naipes, futbolistas, fotos en blanco y negro y con gafas de sol, sueños y pesadillas, miedos y esperanzas, demonios y ángeles, amor y odio, tristeza y felicidad.
Aquí estoy, sintiéndome viva de nuevo (aunque a veces duela).