Musica
martes, 30 de septiembre de 2014
De nuevo está solo y de nuevo empieza a envolverle el silencio.
La verdad, no tengo un por qué demasiado claro para escribirte esto.
Supongo que me recuerdas a mí, y no creo que eso sea del todo bueno.
No le desearía a nadie ser como yo, y en cambio tú lo eres.
¿Alguna vez te han dicho que tienes los ojos tristes?
Sí, los tienes. Lo cierto es que tienes una tristeza extraña en la mirada, que no había visto nunca fuera del espejo.
Los disimulas con esa cálida y alegre sonrisa, pero tus ojos siguen tristes.
A veces casi puedo ver ese aura gris de misterio que te rodea.
Eres como un muro impenetrable.
Querida por muchos pero comprendida por pocos.
Eres la clase de persona a la que haría fotos sin que se diese cuenta, porque me gustan mucho más las fotos espontáneas, y tú no necesitas posar para que las fotos sean preciosas.
Eres la clase de persona a la que dedicaría cualquier obra de arte, y sería fácil, pues tú misma eres arte.
Eres la clase de persona de la que me gustaría saberlo todo y no saber nada, para mantener el misterio.
Eres la clase de persona a la que escribir un martes por la tarde.
Para Paula.
lunes, 29 de septiembre de 2014
J.
El café amargo, como los sentimientos.
Como 4 minutos y medio de piano triste después de que te hayas ido a dormir.
Y las fresas dulces, como tú.
Como esos labios que solo he probado en mi imaginación.
Como tus palabras que me salvan de ir por el mundo dando tumbos.
Que, tal y como dice el dicho, un clavo no sacó a otro clavo, pero aquí llegas tú dispuesto a sanarme todas las heridas del corazón.
Por ti.
Porque te quiero.
Porque me quieras.
Por los recuerdos que tenemos pendientes de crear.
Porque, aunque digan que es lo último que se pierde, yo ya no tenía esperanzas hasta que tú apareciste.
Por la felicidad de los lunes por la tarde, porque merece la pena ir a clase solo por cuando me acompañas un trocito hasta casa, y nos paramos a hablar en el portal que hemos convertido ya en nuestro, a mitad de camino entre tu casa y la mía, tu mundo y el mío, y lo bonito que es que ninguno de los dos quiera despedirse.
Por los abrazos que nos dimos en frente de aquel supermercado justo antes de darnos la vuelta, y porque al dar el primer paso en dirección contraria a la tuya ya te echo de menos.
Por tener un mensaje tuyo nada más decirte adiós y porque aunque acabe de verte me de un vuelco el corazón al leer de quién es.
Por las cartas que nunca te escribí y las palabras que nunca te dije.
Porque eres la única persona a la que he jurado algo, aunque sabes que yo nunca juro a no ser que vaya a cumplirlo. Y si es por ti lo cumpliría todo, cambiaría mis vicios por ti, y a ti no te cambiaría por nada.
Porque te quiero y no pienso abandonarte a no ser que tu felicidad dependa de que lo haga.
Por las veces que me llamas corazón.
Porque yo he empezado a llamártelo a ti y he dejado de compararlo con cosas rotas.
Porque he dejado de estar rota.
Porque me quieres.
Porque te quiero.
Por ti.
Porque ni el 16 ni el 19 se comparan a ti. Porque me haces olvidarlos.
Porque sí.
Porque me haces feliz, y nadie lo había conseguido hasta ahora.
sábado, 27 de septiembre de 2014
Culminación del dolor.
Era la culminación de mi dolor, escrita tiempo atrás. Decía así:
''Te miro y no siento nada. Otras veces lo siento todo. Hay veces que pienso en ti y recuerdo las tardes de verano, y otras tarareo sin querer las canciones que escuchamos hasta hacerlas nuestras.
Hay veces que miro por la ventana y pienso en qué estarás haciendo, como cuando paso por delante de tu casa y te imagino tirado en el sofá jugando al Fifa o a alguno de esos videojuegos que solías dejar en pausa para contestar mis mensajes.
Hay veces que miro mis brazos y pienso en lo estúpida que fui al creerme todas esas promesas que sabía que no ibas a cumplir.
Como cuando paso los dedos por mis heridas sin darme cuenta y, de repente, vuelven a doler como si estuviesen aún abiertas.
Hay veces que te miro y siento tus ojos clavados en los míos, y dueles,
Dueles, pero no como has dolido antes.
Dueles como el recuerdo de una infancia que nunca volverá.
Dueles como cuando pierdes algo para siempre.
Es un dolor extraño, casi transparente, que casi no se ve pero se siente.
Vaya, una rima. Supongo que tengo alma de poeta.
Serían unos poemas muy aburridos, siempre hablando de amores no correspondidos, tristeza, dolor y autodestrucción.
Sinceramente, no quiero ser poeta.
Sueño con que algún día aparezca alguien con quien no vuelva a sentir la necesidad de escribir.
Alguien que llene este vacío y me salve de mis precipicios, o que caiga conmigo por ellos.
Alguien con quien beber, discutir, follar, sangrar y fumar.
Alguien que comparta mi autodestrucción.
Que arda conmigo en el infierno, joder.
Eso es el amor.
O quizás no.
Quizás eso sea todo lo contrario pero, si el amor no consiste en eso, no quiero amar,
No quiero una historia de amor como las de las películas.
No quiero un amor perfecto, porque la perfección aburre.
Quiero un amor como el de Sid y Nancy. Breve, intenso, verdadero.
¿A quién le importa morir joven después de vivir eso?
Necesito a alguien que me quiera con mi destrucción, mis cambios de humor, mis arrebatos de locura, mis noches de llanto, mis gritos y mis falsas sonrisas.
Alguien que sepa que, como dijo Johnny Cash, le haré daño. Pero que aún así se quede a mi lado.
Alguien que me quiera en mis borracheras y que me líe el último porro cuando no pueda ni sostenerme en pie. Alguien que llore y ría tanto por mí como conmigo.
Alguien con quien discutir y follar al reconciliarnos.
Alguien que me diga lo fea que estoy recién levantada.
Que me diga que necesito un psicólogo, que me estoy volviendo loca.
Alguien con quien comer cuando tenga hambre y dormir cuando tenga sueño, alguien con quien ser libre y recorrer el mundo tan solo con una mochila a la espalda.
Alguien a quien susurrarle un te quiero mientras le mordisqueo la clavícula,
Que me diga que no me muerda el labio a no ser que vaya a dejarle hacerlo a él.
Alguien con quien estar en silencio en algún lugar solo para nosotros, viendo al sol ponerse sobre el mar mientras suena una canción triste.
Alguien a quien gritar dentro y fuera de la cama.
Alguien que piense en mí al escuchar a Alice Cooper cantar Poison.
Que me regale discos viejos en lugar de flores o bombones,
Alguien con quien ver Star Wars y recitar poemas de Bukowski,
Alguien que me dedique un graffiti en las afueras de cualquier ciudad que visitemos en lugar de una carta de amor,
Que me repita lo jodidamente loca que estoy y lo que le gusta.
Alguien con quien amanecer en lo alto de un rascacielos de Manhattan o en el pajar de una granja de Gales.
Alguien con quien beber café helado.
Alguien con quien ver el fútbol y que me pique cuando mi equipo gane.
Alguien con quien ser feliz.''
Esta es la culminación de mi dolor. Me apetecía ponerla por escrito antes de hacerla arder y que el viento se lleve las cenizas. Lleva mi sangre, mis lágrimas. Con ella arderá una parte de mí y podré al fin dejar atrás el pasado,
Porque, es curioso como empecé hablando de lo que hago cuando te veo, y terminé hablando de lo que me gustaría que hicieras conmigo.
lunes, 22 de septiembre de 2014
Tú conmigo y yo sin ti.
Pero de alguna forma lo necesito para no explotar.
Necesito decir que estoy harta de ti. De este tira y afloja al que jugamos los dos.
Es un juego de ''ni contigo ni sin ti'' que tú solito te has montado y de alguna forma me has liado para que juegue contigo.
Es como los Juegos del Hambre. Solo puede quedar uno.
¿Y sabes qué?
Esta vez seré yo.
Porque si, como he dicho, esto es un ''ni contigo ni sin ti'', cuando acabe el juego tal vez cada uno se quede con una parte de la frase.
Y ten claro que, si es así, será tú conmigo y yo sin ti.
jueves, 18 de septiembre de 2014
16 gotas de sangre en el colchón.
Aparecía en cada gota de agua pegada en su ventana las tardes de lluvia.
En cada uno de los acordes de aquellas canciones.
En esa fecha que tenía grabada a fuego en el pecho, cada 16.
En el olor de aquella colonia que impregnaba su sudadera favorita.
En cada cicatriz.
En cada cigarrillo.
En las cenizas de cada fotografía que quemó.
Aparecía en muchos sitios, pero ya no dolía.
Es decir, sí, dolía, pero no como antes.
Era un dolor dulce, melancólico, como sumirse en un sueño profundo tras una tarde fumando.
Como el dulce de un pastel lleno de chocolate y veneno, porque así era él.
Dulce como el caramelo y venenoso como una viuda negra.
Y quemaba.
Oh, vaya si quemaba.
Y ella se derretía en aquella mirada que apenas expresaba nada.
Y recordó el tiempo en que lo había querido de una forma distinta, y él había dolido de verdad.
Un dolor punzante como mil agujas clavándose en su pecho.
Recordó cada vez que trató de volverse fría y él destruyó su muro de piedra.
Lo echaba de menos.
Y todo apuntaba a que él a ella no,
Pero un día, un día no tan lejano como parecía, pasó algo increíble.
Lo miró a los ojos, como tantas veces, y esta vez ella sonrió.
Sonrió porque él había bajado la guardia y dejado ver en sus ojos que la echaba de menos.
Ese día se acostó feliz.
Descubrió que el hielo podía quemar al fuego antes de derretirse.
martes, 16 de septiembre de 2014
Joder.
Supongo que todo me duele mucho, también.
Y cuando algo me duele escribo, y parece que el dolor se escapa flotando entre mis dedos.
Si publicara todo lo que escribo, ¡dios mío! Os cansaríais de mi dolor.
A veces me pregunto qué pasa con todo ese dolor que sale de mí. ¿Acaso entra en otras personas? ¿El dolor que yo siento es el dolor que alguien ha liberado? ¿Seré la responsable del sufrimiento de alguien? ¿Habrá alguien en algún lugar sintiendo mi dolor?
No lo sé.
Pero sé que repito mucho la palabra dolor. Lo hago con las palabras bonitas,
Y sí, dolor me parece una palabra bonita, a pesar de todo lo que implica.
Otra de mis teorías sobre el dolor es que se queda atrapado donde lo liberamos. Yo suelo escribir en mi habitación, y por eso a veces, en las tardes solitarias de lluvia, vuelve el dolor nuevo, mezclado con el dolor viejo que alguna vez sentí y liberé.
Lo mejor es escribir al aire libre, así el dolor sale volando hacia el cielo y se pierde entre las nubes.
Y, si lo liberas bien, tal vez nunca más vuelva.
Debería empezar a hacerlo así, porque mi dolor viejo ha vuelto.
Y había tanto acumulado entre las paredes de mi habitación que tuve que abrir la ventana y dejar que algo se escapara, porque se metía tanto de golpe en mi corazón que sentí que me iba a estallar.
Tenerlo en mi clase no es bueno.
¿Por qué tendría que repetir?
Ahora todo me duele más.
Y es un dolor viejo que conozco bien.
martes, 9 de septiembre de 2014
Septiembre.
Tengo la impresión de que hoy va a ser un día muy largo. Plagado de llanto y discusiones. De gritos en el silencio y miradas cargadas de dolor. 9/09. Cinco antiguas amigas se reúnen para aclarar el maldito desastre que entre todas han creado. Tan vez se dividan en grupos o cada una se marche por su lado, lo que está claro es que nada está claro. Lo que está claro es que habrá palabras que herirán más que cualquier dolor físico.
A veces creo que soy demasiado explícita cuando escribo pero, qué cojones importa. Si total las pocas personas que me leen no pueden entenderme con un puñado de textos en un blog que a nadie le interesa.
Así es, para entenderme se necesitan como mínimo mil entradas, cien litros de lágrimas y un poco de sangre derramada. Y aún así, creo que nadie podría llegar a comprender realmente lo que siento. Tal vez sea por eso por lo que me interesa la psicología. Para entender a la gente como nunca me entendieron a mí. De todos modos, me voy del tema.
Es septiembre, y seguimos estando separados.
Tal vez es el destino que no quiere juntarnos, o tal vez sea nuestra culpa. No lo sé. Lo cierto es que tal vez tú no tengas nada que ver y la culpa sea mía. Por dudar, por no saber qué hacer. Ahora me he quedado sin ti y tú te has quedado con otra. No importa. De todas formas me he llevado tantos golpes que he terminado por acostumbrarme al dolor. No te preocupes, porque no pienso permitir que duelas más de lo que han dolido otros. No serás especial, no te querré más que a otros. Y no me romperás, porque otro se te ha adelantado y todavía no he vuelto a pegar mis pedazos. No me he arreglado porque cuando creo que de nuevo soy feliz vuelven a destruirme y eso cansa. Porque si no fuese por este dolor en el pecho dudaría de si estoy viva y necesitaría comprobarlo. De nuevo, volverían. Y volverías. Y no lo permitiré. Ahora tengo que ser fuerte por mí misma.
Bah, como si pudiera.
Acabaré sentada en una esquina de mi cuarto con la luz apagada. Llorando, sangrando, gritando. Me gustaría follarte pero más que un polvo te echo de menos. Tendré que conformarme con un abrazo y ver cómo te alejas de la mano de mi mejor amiga. Me quedaré con el dolor en las costillas y el vacío en el estómago. Me quedaré, como siempre, sola, y tal vez es como debería estar.
¿Sabéis una cosa?
Quizás, lo más triste de esta historia, es que a pesar de todo septiembre sigue siendo mi mes de la suerte.
Deberíais verme el resto del año.
Un desastre que vive más bien por inercia y se pasa la existencia entre papeles.
Libros, libretas, folios, papeles de liar.
Leyendo, estudiando.
Escribiendo.
Fumando.
Destruyéndome,
tal y como lo hacías tú.
lunes, 8 de septiembre de 2014
I don't wanna miss a thing.
Algún día te dije que era una puta inestable. Más de una vez lloré en tu regazo. Alguna tarde te consolé por teléfono sintiéndome impotente por no estar allí dándote uno de los muchos abrazos que te tengo dado. Muchas noches en vela se me pasaron volando hablando contigo. Las mañanas de verano que venías a buscarme a casa y nos sentábamos en cualquier sitio con la música a todo volumen, cantando. Cantando a gritos esas canciones que hoy escucho y me recuerdan a esos días que me parecen tan lejanos que duele. Siento que nunca los recuperaré, que solo serán eso, recuerdos. Como las vacaciones de navidad que por poco pasas enteras en mi casa, o esas noches en la tuya riendo y sin dormir. Siempre tendré grabado el camping. El día que nos sentamos en un tejado a hablar de aquel chico que te gustaba mientras sonaba un beso de desayuno una y otra vez. Y en clase, dios mío. Aquellos desvaríos no eran normales. Las horas de lengua que se nos hacían eternas separadas. Eternos se me hicieron los días que estuve sin ti, al igual que lo estoy hoy. Nosotras que presumíamos de no habernos enfadado jamás, y míranos. ¿Cómo coño llegamos a esto? Me gustaría volver al verano pasado aún con todo lo que pasó, tan solo para recuperarte, para hacerlo todo bien desde el principio. Por favor, solo dime en qué momento se torció todo, y volveré a vivir los peores momentos solo para que vuelvas. Que no me importaría vender mi alma al puto diablo con tal de que todo volviera a ser como antes. ¿Qué puedo perder? Total, el infierno ya lo tengo, y es estar sin ti. Que pienso que nada va a ser como antes y no quiero creerlo, pero lo hago, y me quiebro. Y tu aparente indiferencia no me ayuda en absoluto. No sé si algún día te importé, o si hace tiempo que dejé de hacerlo. No sé si has llorado por mí, y si es así te diré que no vale la pena. Que no valgo la pena. Porque llevan tanto tiempo diciéndome que lo hago todo mal que ya no sé creer otra cosa. Que soy un puto desastre y te mereces algo mejor, pero ¿Qué le quieres? El daño ya está echo. Ya te quiero, y no puedo sin ti. Aunque, como Rulo se empeña en recordarme a través de los cascos, tal vez sea mejor así. Tal vez estemos mejor separadas. Quien sabe. Lo que sé es que pase lo que pase no puedo seguir estando mal por ti.
Si vas a pasar página avísame y juntas quemaremos el libro.
Pero recuerda que donde hubo fuego, cenizas quedan.
lunes, 1 de septiembre de 2014
Knocking on Heaven's door.
Hoy he encontrado la mejor sensación del mundo. Es algo tan simple, tan cotidiano, que me hace sentir mejor que ninguna otra cosa. No sabéis de qué hablo si nunca habéis estado en un lugar que aborrecéis y de repente algo ha cambiado, como si alguien hubiera pulsado el botón de la felicidad, y todo ha sido perfecto. Odio la playa de día, en verano. El ruido, la gente, el calor agibiante... No me gusta. Pero me puse los cascos y la primera canción que sonó me hizo olvidarme de que estaba en un sitio que odio. No sé. De repente era el momento perfecto en el lugar oportuno. Lo que hace una canción, ¿eh? Así que hice lo que cualquier persona. Subir el volumen todo lo que pude. Y entonces todo a mi alrededor se apagó. Todo el mundo estaba haciendo cosas, nadando, riendo, tomando el sol, paseando o durmiendo la siesta. Y mientras yo estaba muy lejos de allí, flotando en algún lugar muy alto mecida por la voz de Bob Dylan. Es algo increíble. Me hizo feliz, pero me entristece saber que no se repetirá. Aunque ponga la misma canción en el mismo lugar. Y eso me hace preguntarme, ¿Cuándo volveré a sentir algo así? ¿Dónde será? ¿Qué canción? ¿Quién pondrá voz a ese momento? ¿Estaré sola? ¿Quién me acompañará? Espero que no sea pronto. Quiero decir, tengo ganas de sentirme así. Pero los sentimientos son como los amores; si los usas mucho, se desgastan, pierden su significado, y nunca se vuelve a experimentar la misma sensación. Y supongo que sería algo muy triste, porque realmente me sentí como llamando a la puerta del cielo.
Sálvame, joder.
Sálvame del insomnio, de los sueños y las pesadillas. De verte solo cuando cierro los ojos. Sálvame de perderme en tus pupilas, porque al fin y al cabo soy yo quien te piensa e impide que caigas en el olvido. Sálvame del dolor de verte con ella porque ni siquiera el saber que soy yo la causa de tu felicidad me consuela. Sálvame de tu risa. Sálvame de este vacío que crece en mi estómago y amenaza con arrancarme el alma. De este sabor a sangre en el fondo de la garganta. Sé mi ángel y súbeme al cielo, o arrástrame al infierno junto con el resto de almas perdidas. No me importa. Me da igual adónde me lleves mientras me salves de ir por el mundo dando tumbos con este frío quemándome las entrañas. Sálvame del dolor en las costillas que me dejaste al irte. Sálvame de no ser nada y de serlo todo. Sálvame de tu ausencia.
Sálvame de ti, pero sobre todo, sálvate de mí.