Musica

sábado, 28 de febrero de 2015

Aμπελαλέ!

Cae febrero, y la noche, y mi estado de ánimo. Caen mis ganas de hablarte y mis esperanzas de que lo hagas tú. Se apagan las luces y se encienden las neuronas, se secan los tejados y se mojan las almohadas. Fuera todo se vuelve negro a la vez que las calles se tiñen de sábado. De gente que vive, que muere, que ríe, que llora. Gente que sale, gente que se queda en casa, gente bebiendo alcohol o el quinto café de la noche. Gente que baila, que no quiere levantarse de la cama, que grita, que se calla. Gente triste, gente alegre, gente saludándose y gente despidiéndose. Quizás no sea una buena noche para hablar de despedidas, quizás no haya una mejor. Es una noche para pensar. Y es que es curioso cómo conocer a una persona puede cambiarte la vida. Y no hablo sólo de ellos, hablo también de nosotros. De cómo conocerte me cambió.
En esta semana me he dado cuenta de la poca importancia que damos a los pequeños detalles, que al fin y al cabo marcan nuestras vidas. ¿Quién sabe lo que va a pasar? Las cosas cambian tanto de un año para otro... Tal vez dentro de dos años y medio esté sentada en una terraza de Kalamata, hablando inglés con ese gracioso acento que me sale y tarareando Tremor, o tal vez no me acuerde de que esa ciudad existe. Tal vez no recuerde el ritmo de esa canción ni el nombre de esos increíbles chicos.
Lo cierto es que hay gente que me dice que los olvide ya, que nunca voy a volver a verlos en mi vida. Pues bien, yo les digo que se vayan a la mierda, que vivan. Porque tal vez dentro de unos años no sepa nada de esa gente sin ilusiones y pasee con alguno de ellos por las calles de alguna ciudad en Grecia. Y, de nuevo, sigo sin pensar solo en ellos. Claro que les echaré de menos, pero tengo más miedo de olvidar a quien puedo tocar todos los días que a los que están a kilómetros de mí. ¿Quién me dice que dentro de unos años seguiré viendo esos ojos castaños? Tal vez no los recuerde o tal vez me vean pasear en bragas por una habitación cada mañana. Lo único que sé es que esa mirada no la podré olvidar aunque no recuerde el color de sus ojos.
Porque la vida es imprevisible, pero alguna vez me dijeron que hay gente que se marca en el pecho a fuego, y que una vez que te vicias a algo, esas ganas de hacerlo, por muy pequeñas que sean, siempre siguen ahí.
Recuerdo que me dijeron que el tabaco era un vicio de mierda, pero nunca nadie me pidió que te dejase a ti.

domingo, 22 de febrero de 2015

Grítame, aráñame, ódiame, pero no te vayas.

Quiero olvidarte, aún con esta carga. Estas dudas. Este miedo. Miedo de mirarte y no saber quién eres. Miedo de que olvides esta cara triste.
Porque a veces te veo y no siento nada y, otras veces, lo siento todo. Siento tanto que duele. Te echo de menos, teniéndote delante. Y parece que no te das cuenta, que no sabes que estoy pasándolo mal. Que no te enteras de estas ganas de besarte que me recorren cuando estamos cerca, que a veces se transforman en humedad sobre mis ojos cuando estás cerca de ella. Que todo lo veo negro y el corazón se me acelera cuando te acercas demasiado, y no hay dolor. No hay dolor cuando tú estás aquí, aunque sé que de nuevo esta noche me encerraré en tu recuerdo y no encontraré la sonrisa que he perdido en tu mirada.
Nada me distrae de ti, ni siquiera puedo perderme en el fútbol porque el puto Isco está en todas partes y sigo pensando en ti. ¿Cómo quieres que sea feliz si soy la chica que vive tras la puerta del edén, mirando a través de los barrotes cómo todo el mundo encuentra sus paraísos artificiales mientras yo sigo en esta tristeza que ya es natural en mí?
¿Cómo quieres que deje de pensar en ti si siempre terminamos dándonos calor?
Lo peor es cuando no podemos estar en silencio, pero ninguno de los dos puede hablar. Grítalo. Me da igual. No tengo miedo, ni nada que perder. O eso creía, hasta que volviste a aparecer. ¿Cómo pude cometer ese error? Supongo que, al fin y al cabo, soy humana, y va a ser verdad eso de que somos los únicos en tropezar dos veces con la misma piedra.
Y es que, como siempre, empecé ganando la partida, pero el camino es largo y a esta guerra todavía le quedan muchas batallas. Me llevas ventaja, pero tal vez menos de la que tú crees.
Me pisas y te piso los talones en esta carrera por la supervivencia. Acabaremos muriendo los dos y es mejor que lo aceptes ahora, antes de que sea demasiado tarde.
O tal vez soy yo la que debería aceptar que nunca será demasiado tarde. No para ti.

viernes, 20 de febrero de 2015

Tal vez necesite otra botella para perder el orgullo de nuevo y decirte lo que llevo tanto tiempo guardándome. No puedo. Necesito un pequeño empujón al vacío por el que todavía no he terminado de caer, aunque a veces me de la sensación de haber tocado fondo. Y es que no hay manera de escapar de este bucle donde la realidad se mezcla con recuerdos oníricos de ti. Yo simplemente quería quererte sin dudas ni miedos. Por suerte duermo poco porque esta angustia me persigue hasta en mis mejores pesadillas.
Hoy vuelve a llover, otro día más odiándote, otra vez te mentiré y me moriré de rabia al saber que, aunque te diga lo contrario, debería admitir lo bien que te queda el gorro.

sábado, 14 de febrero de 2015

48 días después de tres días antes de fin de año.

Sería, quizás, extraño que no escribiese nada hoy. San Valentín. Sin embargo, esto no tiene nada que ver con el día de los enamorados (sobrenombre que nunca he acabado de entender, pues los solteros también pueden estar enamorados), o quizás tenga todo que ver con el 14 de febrero, como él dijo, más esperado por algunos enamorados y algunos fiesteros.
El caso es que hoy, por esa razón o porque simplemente fue un día escogido al azar, un capricho del destino o de lo que quiera que nos gobierne, estoy más triste que nunca.
Pienso en ti y me escuecen los ojos, se me seca la boca y humedecen las mejillas. Me cuesta respirar y es imposible dormir. El corazón se disfraza de galgo de carreras y mi mente no está donde debería. No puedo distraerme ni sacarme de encima el peso de los recuerdos. No puedo ni humedecerme los labios sin querer sentir de nuevo el tacto de los tuyos.
Y tal vez no esté bien y sea egoísta, pero ojalá que te dieses cuenta de que me quieres y la abandonases. Ojalá no hubieses jurado que no volvería a ocurrir lo prohibido. Ojalá volvieses a pecar.
Tal vez estar triste sea mi castigo por pensar esas cosas, pero afrontaría toda la ira del karma (y de esa chica) con tal de que fueses mío.

lunes, 9 de febrero de 2015

Tachones.

Estaba triste
porque ella era como
una vela
entre linternas
y su luz, a veces
se apagaba
y se fundían
las miradas.

Ella era
oscuridad
entre tanta luz
como un agujero negro
en medio del Universo.

Y él
era el Sol
de su Sistema Solar
y la atraía
irremediablemente
y nunca se tocaban.

Y el día en que
el Sol y la Tierra
se tocaron por fin
se apagó su luz y
asustada
ella retrocedió
porque le gustaba de fuego
aunque quemara.

Ese fue el día en que
un poco borracha
le dijo que le quería
y lo miró a los ojos
y supo, al fin
la respuesta
y se fue
a algún lugar donde
él no la alcanzase,
tal vez en busca
de otro astro
al que sí pudiera tocar.

Pero se puso triste
porque nadie
escribía poesía
y ella no dijo nada
mientras forjaba en su mente estos versos
porque no se consideraba
poeta
porque escribía
su alma
y no poemas.

Ese fue el día
que decidió volver
porque prefería
no tocarlo
y arder
a pasar frío con
cualquier estrella polar
que, al fin y al cabo,
acabaría convirtiéndose en
lo que todo es;
un agujero negro y
nada.

domingo, 8 de febrero de 2015

Puedo escribir mis peores versos esta noche.

He llegado al límite
el límite del bien
y del mal
y de la locura
que creía infinita.
Pero he llegado al final
y ahora sé
que puedo pasar
de reír
a llorar
en tan solo unos acordes.

Decidle a papá que su hija murió
que nunca existió
que siempre he sido yo.
Decidle a Daniel que quiero conocerle
que su chica
me ha hablado muy mal de él.
Y aunque sé que
tal vez
el tiempo entenderá estos versos
me da igual mostrarme
a corazón abierto
porque confío en ella;
ella que es tiempo.

Y por una vez es cierto
que no puedo
permitirme perderlo;
el tiempo.
Porque sin ella
¿quién sería tan estúpido
de leer mis poemas?
Y me gusta leer
lo que ella sin saberlo
ha escrito para mí
porque todo lo que escribe
es un poquito para mí
que en parte la comprendo.

A veces me gustaría
que él
leyese mis demonios
y después pienso
que es una idea tonta
porque
no comprendería mis infiernos
o tal vez
lo que me da miedo es
que los comprenda demasiado.

A veces me gustaría
con todas mis fuerzas
gritar
que le quiero
y que se entere el puto mundo
de que tenemos una cena pendiente
y una cama
y un apartamento
y un polvo
o dos.

A veces me gustaría
que me dijese
de nuevo
que un día despertaría
en su piso
y follaríamos
porque lo juró por su nombre.
Y que me repitiese
otra vez
que quería algún día
verme en tanga en su cama
mientras me hacía la comida
porque él solo cocina
para su chica.

Me gustaría volver
a decirle, sincera
que me encanta
y que en mi voz se notase
la sonrisa verdadera que solo él
y el recuerdo de una tarde de diciembre
y otra de enero
saben sacarme
y con la que alguna vez me dijo
que estaba preciosa.

Me gustaría
que me quisiera
y no ser tan inestable
y ser feliz.
Pero tal vez
ser feliz
es lo que me asusta.

Y como última reflexión:
Si alguna vez me hago
una poeta famosa
por favor, profesores de literatura
manden a sus alumnos
analizar
el tema
y las metáforas
de mis poemas en los exámenes.
Me gustaría,
hasta el final,
ser una hija
de puta.
Gracias.

viernes, 6 de febrero de 2015

Caminante.

No hay camino, sin ti. No hay camino que cure estas llagas que de tanto tropezar contigo me han salido y van quemando a cada paso. Tan solo quiéreme, y pondré mi vida patas arriba para que recorras las tierras desiertas de mi cuerpo y mis pies sean tu cielo. No intentes entenderme. Yo tampoco puedo hacerlo. Y dudo, dudo tanto... Lo único que tengo claro es que debería aceptar que esto no es un cuento de hadas, que no estamos hechos el uno para el otro y que todas esas mierdas no son más que bobadas para engañar a niñas ingenuas, que se pasarán la vida buscando a su media naranja sin saber que nunca existirá. Porque el amor no existe, y ahora doy fe a la frase de aquel libro. Amar es destruir, y ser amado es ser destruido. Pero yo, aunque te amé, nunca quise destruirte. ¿Pero quién dice que tenía que ser a ti? Tanto, tanto te quise, que me destrocé a mí misma tratando de no hacerte daño. Es la hora de dejar de ir por ti hasta el fin del mundo, de olvidar que el fin de mi mundo es la curva de tus labios. Es la hora de olvidarte de una vez por todas.
Pero esta noche tampoco dormiré.

jueves, 5 de febrero de 2015

Liberté, égalité, fraternité!

Pálida.
Vagaba por los rincones
de esta casa vacía
que todos querían demoler.
Era como un alma en pena
sin nación
pero con patria y bandera
destrozadas por el fantasma del pasado.
Un pasado que trataban de ocultar
con todas sus fuerzas
esos herederos de la amargura
anclados en el dolor
que mentían
y golpeaban con cada palabra
los cimientos de esta casa
que ya ni siquiera crujía.
Un silencio demoledor desde fuera
pero dentro
el incesante murmullo
de las voces que no pueden ser calladas
la acunaba mientras intentaba dormir
y no podía,
pero era bueno
porque tenía que estar alerta.
Era pálida pero
cuando sus ojos reflejaban la rabia
del rencor a la injusticia
se le encendían las mejillas
Y se tornaban, en lugar de rojas
blanquiazules
porque aquel era el color de su alma
y era lo único
que amaba de ella.
Y alzaba los puños
con las manos atadas
y gritaba
sin voz.
Porque cuando se llevaron su libertad
le arrancaron, también
el miedo
que ellos habían implantado.
Y su error fue pensar
que todo el mundo era como ellos
y que no quedaba gente buena
porque los habían matado a todos.
Pero los ideales,
que son a prueba de fusil,
sobrevivieron
y la rabia
tantos años contenida
surgirá
abgolpe de gente pálida que
como ella
lo ha perdido todo
y gracias a ellos
no les queda nada que perder
y esa será su perdición.
El general murió
y el pueblo se levanta.

¡Libertad!

miércoles, 4 de febrero de 2015

Pesadillas.

Todo está oscuro. No consigo ver nada.
No sé si no hay luz o es este dolor en el pecho el que me ciega.
Me faltas.
Una sonrisa, la de ella. Después la tuya, y fundidas en una.
Un grito, una lágrima.
Un corazón desbocado que se retuerce al fondo de mi garganta.
Una nube de tormenta, un trueno.
Miedo.
Tu risa, su risa. Menguo.
Cada vez soy más pequeña, las risas más altas.
Tus ojos, mirándome desde arriba.
Fríos, como tus manos. Tus manos limpiándome las lágrimas.
Enfrente de mí, un ángel.
Un ángel sin patria ni bandera que me mira con dulzura.
Tú.
Frena el corazón en su huida hacia la perdición.
Pero no hay tiempo, y cuando me robas el aire desaparezco.
Y los ojos me duelen y el corazón supera el límite de velocidad.
Y mi multa es esperar a que se sequen los recuerdos de la almohada.
Y sé que no volveré a dormir en toda la noche.
Nunca me equivoco.

martes, 3 de febrero de 2015

Un día en la vida de un poeta muerto.

Por la mañana temprano
con los ojos cerrados
desorientación
muda.
La lluvia me espabila
y canto
y bailo
y salto
sin miedo a caerme
y me visto de cualquier manera
sin miedo al salir a la calle
solo siendo
feliz.
Y me divierto
sin importarme que la gente me mire
solo porque ellos
no pueden entender nada.
Y nada
es lo que a mí me preocupa
al llegar el mediodía
pero según pasan las horas
me importa todo
y llego
a las seis de la tarde
con el maquillaje
corrido
y ganas de correrme
contigo
y lloro
con mis ojeras al viento
por el árbol del jardín que el invierno
ha empezado a desnudar pero
para la hora de la cena ya
ha crecido y tiene
pequeños brotes en sus ramas
y entonces mis heridas
empiezan a sanar
pero las cicatrices
permanecen
aunque esa noche
que decido pasar en vela
las olvido.
Y pasa el tiempo
en su absurda monotonía
y cada vez estoy
más cansada y más
triste
y el árbol ya está marchito.
Y al fin
cuando se asoma tímido
el primer rayo de sol
contemplo el amanecer y cierro los ojos
mientras el sueño me lleva y
grito
con mis últimas fuerzas
¡Tendría que haber muerto anoche!