Musica

viernes, 28 de noviembre de 2014

Dolor empírico.

Sé que no te tengo. Que nunca te tuve ni voy a tenerte porque tú no eres de nadie. Eres tan solo aire, aire en forma de huracán, que arrasa pero al fin y al cabo sigue siendo aire y es necesario para respirar. Parece que ahora estoy en el ojo del huracán con su aparente calma, pero pronto se desatará tu tormenta y mi cabeza dará vueltas hasta que me derrumbe y caiga al suelo.
Tengo la certeza de que vas a hacerme daño, pero si sigo aquí es solo porque creo que vale la pena, que en el fondo hay algo que te impide marcharte y por eso siempre vuelves. Ya no pienso que sea buena idea darte la espalda, porque cada vez que oigo tu voz llamándome detrás mía me giro y espero a que me alcances. Siempre me convences de que me quieres y, aunque sé que no es cierto (¿Cuándo me has sido sincero?) no puedo evitar creérmelo por un momento, y cuando me doy cuenta de lo que he hecho ya he vuelto a empezar y tengo que olvidarte de nuevo. Porque te quiero. Te quiero como a nadie y como siempre te he querido. Porque, ¿sabes? Por mucha gente que haya pasado por mi vida tú siempre has sido mi debilidad. Mi talón de aquiles, que en vez de quedarse en el pie ha subido a patearme el corazón.
A veces pienso que has cambiado. Que he cambiado. Que esta vez será distinto y podremos estar juntos, y por una vez seré feliz. Pero en el fondo algo me dice que no, que acabaré destrozada como siempre. Créeme que aunque me duela trataré de no volver. De no girarme pronuncias mi nombre. Trataré de ser inmune a la llamada urgente de tus labios que tanto he deseado y deseo. Y de verdad que me gustaría que hubiésemos cambiado y que todo fuese distinto. Pero llámame pesimista, me harás daño. Y aunque suene egoísta no estoy dispuesta a intentarlo contigo de nuevo y acabar ahogándome en lo más profundo de mis muñecas. Lo siento pero no. Esta es la última vez. La última oportunidad que te doy. Que nos doy.
Y a pesar de todo te quiero, y eso me asusta, cariño.

Gracias a ti por impregnar con tu futura ausencia estas palabras, y gracias a Iván Ferreiro por plasmar mis sentimientos antes de que los sientiera.

http://m.youtube.com/watch?v=Rv-MFKstFis

viernes, 21 de noviembre de 2014

Las hojas que estuvieron vacías.

Las hojas en blanco estaban tan tristes que decidieron caer, y así nació el otoño. Era como si los árboles llorasen y el frío aire se cargaba de melancolía. Un día apareció alguien con un poder extraordinario que nadie había visto jamás. Tenía la mirada más hermosa que os podéis imaginar, era casi hipnótica. No le gustaba el otoño. No le gustaban los árboles tan desnudos. Así que cogió las hojas vacías y escribió en cada una de ellas una carta de amor. Las pegó a las ramas y de repente el mundo pareció acelerarse. Comenzó a girar vertiginosamente, y de los árboles crecieron flores. Los lugares que habían ocupado las hojas en blanco se llenaron de color, y llegó la primavera. Y el mundo se dejó llevar aún sabiendo que, como siempre, sería una ilusión, tan efímera como una tela de araña que él tejió para atraparla entre sus redes. Como siempre, la primavera terminaría, y de aquella forma tan dolorosa las palabras se borrarían con la primera lluvia, las hojas volverían a estar en blanco y los árboles a llorar mecidos por el viento, frío de nuevo.
Estaba condenada, era el ciclo del amor.

viernes, 7 de noviembre de 2014

Cuánto duele.

No lo conocí. Tal vez porque no quise hacerlo, tal vez porque nunca me fijé demasiado. No lo sé. Tenía los ojos marrones, de esos que la gente tacha de tan comunes pero pueden matar si la mirada es la adecuada. Recuerdo su pelo, y cómo se enredaba entre mis dedos mientras lo miraba, tan dulce. Tenía un lunar en la mejilla y escuchaba Green Day. Se le marcaban las venas de los brazos, me fijé mientras sonreía viéndolo tocar la guitarra. Tocaba para mí. Recuerdo que había ido al cardiólogo esa mañana, estaba lleno de cables. Fueron una excusa perfecta para mis dedos, que se entretenían dibujando círculos en su pecho. Recuerdo mirarlo a los ojos y haber pensado ''mierda, la acabo de cagar, estoy pillada, estoy jodida.'' Y así fue. Joder, no estaría escribiendo esto de no ser así. Lo cierto es que no esperaba que fuésemos a terminar así. No me di cuenta de que nuestro primer beso ya sabía a despedida. De que el calor de sus manos solo era una ilusión, pero el invierno llegó igualmente. Cuando dijo que quería que todo volviese a ser como antes pensé que iba a recuperarlo, y lo cierto es que fue ahí donde lo perdí. Y es que a día de hoy todavía es un misterio para mí. Nunca lo conocí, y nunca llegaré a hacerlo. Y cuánto duele.

jueves, 6 de noviembre de 2014

Tenía un lunar en el pecho.

Era de las que se tatuaban sin tinta. De las que gritaban más en el fútbol que en la cama. Eso de dormir no lo tenía fácil, pero prefería el insomnio al diazepam y por eso era fiel a sus ojeras. Escribía como Shakespeare, porque su alma era un nido de serpientes. Era de las que solo temblaban de rabia, aunque siempre tenía frío y como apenas comía siempre se sintió vacía. Era de las que morían cada viernes, y resucitaban los lunes para bajar al infierno el resto de la semana. Tenía las manos frías en invierno y el corazón congelado todo el año. Toda ella era una metáfora que habría inspirado a Bécquer para su mejor poema. Le daban miedo las tormentas, y creo que por eso se temía a sí misma. Era la electricidad estática y el polo opuesto del imán. Lloraba más sangre que lágrimas y sus sonrisas eran gris ceniza. Podría haber sido la musa de una película de Tim Burton. Tenía la mirada color cielo en Galicia y era cabezota, digna de su tierra. Era de las que querían y odiaban con el corazón. De las que morían por sus ideales antes de traicionarlos. No le asustaba la muerte porque hacía tiempo que eran amigas. Era de las pacíficas que se defendían violentamente. De las que mordían si la trataban como a un perro. Tenía claras sus banderas. Fumaba cuando le apetecía y volaba para olvidar. Le gustaba reír la última para ganarle tiempo al llanto. Era de las que no llegaban con dos copas de más, porque en sus peores días nunca tenía suficiente. Era de las que besaban por placer y gritaban por necesidad. De las que solo cerraban los ojos a solas. Pensaba demasiado para ser tan inteligente. Acabó autodestruyéndose al no conocer el silencio dentro de su cabeza. Era de las que respiraban por la nariz cuando llegaba la ansiedad. De las que en lugar de Crepúsculo leían a Bukowski de madrugada. Era de las suicidas que cada día morían de una nueva forma.
Hasta que un día se cansó de ser, y ya no fue nada.

martes, 4 de noviembre de 2014

Carta de amor a una musa.

Quién dijo que un artista necesitaba una musa, no tenía ni puta idea de lo que es esto. ¿Quién necesita a alguien? La inspiración viene sola. A veces basta con un clavo y media tacita de dolor, y bam, sangras.
Yo escribo sobre mí, supongo que soy mi musa. Hay tanta destrucción aquí dentro que no necesito salir a buscarla.
Y es que uno mismo es la mejor inspiración. Al menos yo. Tengo la tristeza de la musa. Me conozco pero soy un misterio incluso para mí. Me quiero o me odio, depende de la estación.
Me escribo cartas de amor porque si nadie lo hace por mí, ya lo hago yo.

''Querida musa:
Odio casi todo de ti. Tu pelo, tu boca, tu nariz, tu barriga y hasta los dedos de tus pies. Odio esa manera que tienes de morderte el labio. Odio tu carácter. Que hables demasiado alto cuando te pones nerviosa. Odio que llores de rabia y que tu risa parezca tan alegre. Odio tus uñas mordidas, tus uñas pintadas. Te odio en vestido y tacones. Te odio en sudadera y tenis. Te odio aún más sin ropa. Odio cuando cantas. Cuando hablas y cuando estás callada. Odio tus brazos, el bonito y el de las cicatrices. Odio que no tengas pecas, y tus lunares. Odio tus ojos. Odio que sean tan bonitos y tan tristes. Odio tus ojeras al natural y bajo el maquillaje, duerme. Odio que no puedas dormir. Odio el diente que te rompió tu hermano. Odio las heridas que tienes en los labios. Odio tu torpeza. Odio cuando me miras, y cuando no lo haces también. Odio cuando te haces una coleta. Odio que seas tan desordenada y que estés tan rota. Odio que des tanta importancia a las cosas. Odio que fumes. Odio que lo quieras. Odio que las odies. Odio que escribas. Odio cuando te pones cariñosa. Odio que no seas más fría. Odio que no seas de acero.
Odio odiarte.
Y por eso te quiero.

Y por eso me quiero,''