Musica

lunes, 29 de diciembre de 2014

Año nuevo, muerte nueva.

Mi intención era escribir una entrada que resumiese el año. Sí, uno de esos tristes y típicos textos melancólicos lamentándome de casi 365 días desperdiciados. Pero has hecho algo que merece todavía más mis palabras. Supongo que, como tu dices, has hecho algo importante. Algo importante en este año que parece que ambos hemos echado a perder haciendo cosas vacías e inútiles.
No sé si cuando me has besado se me ha quitado al fin la espinita, después de dos años y medio, o si por el contrario se me ha clavado un poquito más profundo. Sabes que no quiero que lo pases mal, pero de alguna manera me gustaría que tuvieses remordimientos. Que tu extraña conciencia te recordase a cada minuto, a cada instante lo que le has hecho a esa chica con la que sales. Lo que me has hecho a mí. Estoy feliz, por una vez, porque ese dolor ahora queda en el pasado. Y sé que todos los años digo lo mismo, pero este será el mío. Y si no es mi año, haré que lo sea. ¿Querías subirme la autoestima? Lo has hecho, pero no de la manera que a ti te gustaría. Me toca jugar.
Y mira que te he avisado, te he dicho que el hielo puede quemar al mismísimo fuego antes de derretirse. Mil veces me dije que arderías conmigo, y ahora por fin lo has hecho. ¿No te das cuenta?
Cuando tus labios rozaron los míos se congeló el puto infierno.
Necesito hacer esto, me hace falta sacar de vez en cuando un poco de odio hacia ti, quizás porque aceptar que te quiero es doloroso y me da demasiado miedo.
Tal vez sea mejor que lapide tus recuerdos con este corazón inútil que el tiempo y el frío han convertido en piedra. Lleva tanto tiempo congelado que ni el calor de tu aliento en mi cuello podría derretirlo ya.
Vete antes de que cambien las tornas y te haga daño yo a ti, o quédate para siempre.
Bueno, quizás el para siempre es demasiado. No pido tanto. Tan solo quédate este invierno, y me encargaré de apartarme yo de ti antes de que empiece el deshielo y los cristales de mis ojos se descongelen y corran libres por las mejillas que antes tú habrás acariciado convertidas en lágrimas, dulces para que no caigan en ninguna de las heridas abiertas y provoquen más daño del que yo misma me he hecho.
Tan solo quiéreme hasta que florezca la primera señal de muerte de este invierno suicida que nunca debió comenzar.

sábado, 27 de diciembre de 2014

Como un alcohólico sin sed.

Últimamente no escribo apenas. No tengo ganas. Tampoco sé muy bien cómo describir lo que siento, y no es fácil dejarme sin palabras. Supongo que es tan solo tristeza, o soledad. Un conjunto de ambas que podría llamarse melancolía. Esto, mezclado con una pizca de aburrimiento y sueño, media tacita de mala leche y dolor espolvoreado al gusto, son la receta perfecta para mi estado de ánimo.
Necesito cambiar, y voy a hacerlo. Voy a ser más fría y más hija de puta. Voy a dedicarme a joder a los que me hicieron daño, y voy a empezar a tener fe. A creer en mí misma. Voy a empezar a no fiarme de la gente. Voy a empezar a vivir.
Aunque, de todas formas, supongo que una triste sin tristeza es como un alcohólico sin sed. Pero qué más da, si yo ya estoy vacía, y ¿a quién le importa si me hundo un poquito más?

martes, 16 de diciembre de 2014

Hoy sonreí al recordar aquello que te escribí.

Estaba pensando en ti. En aquello que me dijiste de que 'somos hermanos'. Y recordé, de repente, aquella vez que te escribí y, comparando nuestra historia con Cazadores de Sombras, dije que eras mi Jace. Con la diferencia de que tú nunca me quisiste, y que no éramos hermanos.
Hoy recordé aquel texto y sonreí, porque al fin y al cabo sí que eres mi Jace.
Eres mi Jace y has sabido enamorarme, pero al querer apartarme como a las demás te dejaste un pedazo de corazón en el intento, perdido entre mis latidos.
Supongo que ahora sí somos hermanos, lo que te hace completamente mi Jace.
Eres mi jodido Jace, porque al igual que en los libros, no deja de haber obstáculos que impiden un nosotros. No sé cómo acaba la saga, y tampoco sé cómo acabaremos tú y yo, pero todas las historias tienen un final feliz.
¿O no?

lunes, 15 de diciembre de 2014

Sería demasiado cruel, quizás.

¿Cómo puede haber una persona tan estúpida? Yo, que me consideraba inteligente (o al menos alguien con una pizca de sentido común), y aquí estoy, de nuevo atrapada en mis contradicciones.
Cuántas veces me dije que no volvería a escribirte, y sin embargo sigo sangrándote palabras. Tal vez es solo que no puedo evitarlo, que estoy atrapada en tu bucle infinito sin poder salir de él, porque siempre desemboco en tus labios y vuelvo a comenzar, pasando por todos y cada uno de tus lunares y descansando en tu pecho, y vuelves a pisarme y levanto cabeza para besarte y volver a ver el mundo desde tu boca donde todo parece un poquito mejor. Después de este arrebato de locura, provocada por tu recuerdo, vuelvo a pensar en nosotros. ¿Ha existido alguna vez? La mayor parte del tiempo solo éramos tú y yo haciéndonos daño. Aunque supongo que en el fondo tú me quieres, a tu manera. Mírame a los ojos y dime que me equivoco. Dime que no es cierto, que nunca te he importado. Dime que solo soy tu juguete. Mírame a los ojos y, aunque no sea la verdad, haz que suene creíble y termina con esta pesadilla. Esto es insano, para ambos. Siempre terminas haciéndome daño. Aunque esta vez parece que algo es diferente, tú tampoco duermes.
Sería demasiado cruel, quizás, preguntarte qué tal llevas mis noches.
Demasiado cruel desear que sueñes con que estoy a tu lado y al despertar esté frío mi lado de la cama.
Sería demasiado cruel, quizás, tratar de arreglarte cuando en parte soy la culpable de tus grietas.
Ahora que mis sombras comienzan a apagar tu luz, me doy cuenta de lo que he hecho.
Y me doy cuenta de la parte más oscura de la historia, y es que en el fondo no quiero verte así.
No te confundas, no me arrepiento de verte tener lo que te mereces.
Es solo que dejaría que me jodieras tantas veces como necesitaras para volver a sonreír.
Aunque eso sería demasiado cruel, quizás.

viernes, 12 de diciembre de 2014

A.

La caída fue tan fuerte que los pedazos de mi orgullo se me clavaron como cristales en la garganta al tragármelos, y por eso no me salieron las palabras cuando lo tuve frente a mí.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Histéricas tardes post-noches de insomnio.

Para, para.
Tranquila.
Respira.
Eso es, no grites.
No grites, van a oírte.
Déjate llevar,
respira.
Estás bien.
Estás bien.
No pasa nada,
respira
profundo.

¿Estás bien?

pero
no
hay gritos
y sangre
y la música está
demasiado alta
y necesito
estar bien
pero tú
no estás bien
y tropiezo.

Y cuando tropiezo
ya no vuelvo
a levantarme
y me quedo en el suelo
gritando
y exploto
como fuegos artificiales
y al fin
estoy bien.

martes, 9 de diciembre de 2014

Hemorragia.

Cada vez escribo más y duermo menos. Es por ti, supongo. En un par de semanas me rompiste todos los esquemas y a ver cómo salgo yo ahora de esta. De todas formas no importa. Qué más da que te claves un poquito más hondo en mi corazón, si la herida solo sangra cuando sacas el cuchillo. Mis labios se cortan allí donde faltan los tuyos y mis ojos persiguen tu mirada fugitiva esperando una sonrisa en tu boca. Y aunque sé que estas flores ya han brotado en otras primaveras y no me fío de tu invierno traicionero, en parte sigo pensando que este sol brilla solo para mí, y me lo creeré cada vez que me lo digas aunque se ponga a llover una y otra vez. Tal vez sea la falta de sueño lo que me vuelve tan melancólica, o la falta de ti y de tus besos que echo de menos a pesar de no haber tenido jamás. Tal vez sea este frío, porque mis manos están siempre congeladas allí donde falta tu calor. Y a estas horas de la madrugada, ahora que mi inestabilidad ha empapado la almohada de recuerdos, te escribo de nuevo. No sé por qué lo hago. Tal vez te escribo porque necesito escribirte, a pesar de que dije que no lo volvería a hacer. Tú solo mira estas ojeras y piensa que son tuyas, al igual que yo. Que ya sé que odias que no sonría, pero admite que es irónico que trates de arreglarme cuando fuiste tú quien hace tiempo creó este desastre.

sábado, 6 de diciembre de 2014

Talón de aquiles.

No sé cuántas veces me has dicho que me quieres.
"¿Hay un precio?" me dijiste una vez.
Siempre hay un precio, cariño. Siempre acabo cobrándome una lágrima, un insulto o una mirada de desprecio, y ahí sé que ha valido la pena. Así que ahora págame. Págame y vete y deja de dar vueltas por mi cabeza.
O solo vete. Por ti, me saltaría mis propias normas. Dejaría que te fueras sin pagar el precio de quererme, sin dolor. Porque, al fin y al cabo, siempre fuiste mi debilidad.

viernes, 5 de diciembre de 2014

Combustión espontánea.

Cada vez que oigo la palabra labios, sonrío y me los muerdo pensando en los tuyos y en como me miras a veces, porque aunque tú no lo sepas y yo no te diga nada puedo leer en tus ojos las ganas de besarme. Ya lo dices tú, eso te delata, pero siempre fuiste mi debilidad y me encanta ver cómo te mueres de ganas de rozar mis labios. Y me gustaría más que lo hicieras, porque sabes que yo no tengo el valor para hacerlo sabiendo que la tienes a ella. Cada vez que pienso que alguna vez podríamos ser uno, el corazón me va tan rápido como si hubiera corrido demasiado. Tal vez es así, y es cierto que llevo mucho tiempo huyendo de tus recuerdos. Pero de qué me quejo, si nunca supe querer. Le di la vuelta a las cosas. Te quise a tu manera y me quise a la mía, por eso me hice daño. Pero ahora todo está bien, y hay algo que me empuja hacia ti y tiene más fuerza que mi voluntad. Llámalo química, si quieres, pero no podrás negarme que lleva ya tiempo juntándonos.
Y aunque nunca hubo un nostros, siempre fuimos tú y yo.

jueves, 4 de diciembre de 2014

Línea divisoria.

Sabes que has llegado al límite cuando ese muro que retenía tu cordura comienza a derrumbarse. Sabes que has llegado al límite cuando en un día te rompen todos los esquemas y tu mundo se quiebra. Sabes que has llegado al límite cuando llevas tanto tiempo llorando que te escuecen los ojos.
Y es que hoy he llegado a mi propio límite y necesito a alguien que me ordene de nuevo, porque ahora soy solo un terremoto. Una especie de caos donde el dolor acaba con la esperanza y la tristeza provoca un eclipse total de mi sol.
Supongo que no nací para aguantar tanto pero no puedo desahogarme porque no quiero molestar a nadie con mi desesperación. Me desahogaré conmigo misma, de todas formas soy la única que estará hasta el final, no?
Quién sabe.

martes, 2 de diciembre de 2014

Tan solo quédate este invierno.

Siempre le dijeron que era una niña alegre. Nunca la veían llorar, siempre sonreía. Lo que ellos nunca supieron es que cuando llegaba a casa, de sus párpados, que nunca deberían haberse abierto, caía una lágrima por cada sonrisa, y una gota de sangre caliente le acariciaba la fría piel de la cadera y se la ponía de gallina. Tenía un antojo en el fondo de la garganta, allí donde mueren los suspiros melancólicos y los gemidos de placer. Quería gritar tan fuerte que se quebrara todo (y todos) a su paso.
Quería vivir sin él o morir abrazándolo. Quería dejar de quererlo pero sabía que era imposible, que había pasado demasiado tiempo echándolo de menos como para renunciar a él ahora.
Y sí, hablo de ti y de mí, porque supongo que esta enferma e inestable historia alguna vez fue nuestra.
Ya perdí la cuenta de los besos que te debo, aunque supongo que no importa porque son más de los que tú querrías darme. Ahora que todo va bien espero olvidarte. Me arrancaré de golpe la estaca y acabaré desangrándome hasta morir, pero valdrá la pena todo este dolor porque me habré perdido entre tus lunares. Y una vez que mi boca haya rozado tus labios, lo veré todo claro, y sabré si es posible sacarte de mí de una vez por todas. Me quitaré las ganas de pasar los veranos a tu lado.
Tan solo quédate este invierno, porque mis manos están siempre frías allí donde les falta el calor de las tuyas.

viernes, 28 de noviembre de 2014

Dolor empírico.

Sé que no te tengo. Que nunca te tuve ni voy a tenerte porque tú no eres de nadie. Eres tan solo aire, aire en forma de huracán, que arrasa pero al fin y al cabo sigue siendo aire y es necesario para respirar. Parece que ahora estoy en el ojo del huracán con su aparente calma, pero pronto se desatará tu tormenta y mi cabeza dará vueltas hasta que me derrumbe y caiga al suelo.
Tengo la certeza de que vas a hacerme daño, pero si sigo aquí es solo porque creo que vale la pena, que en el fondo hay algo que te impide marcharte y por eso siempre vuelves. Ya no pienso que sea buena idea darte la espalda, porque cada vez que oigo tu voz llamándome detrás mía me giro y espero a que me alcances. Siempre me convences de que me quieres y, aunque sé que no es cierto (¿Cuándo me has sido sincero?) no puedo evitar creérmelo por un momento, y cuando me doy cuenta de lo que he hecho ya he vuelto a empezar y tengo que olvidarte de nuevo. Porque te quiero. Te quiero como a nadie y como siempre te he querido. Porque, ¿sabes? Por mucha gente que haya pasado por mi vida tú siempre has sido mi debilidad. Mi talón de aquiles, que en vez de quedarse en el pie ha subido a patearme el corazón.
A veces pienso que has cambiado. Que he cambiado. Que esta vez será distinto y podremos estar juntos, y por una vez seré feliz. Pero en el fondo algo me dice que no, que acabaré destrozada como siempre. Créeme que aunque me duela trataré de no volver. De no girarme pronuncias mi nombre. Trataré de ser inmune a la llamada urgente de tus labios que tanto he deseado y deseo. Y de verdad que me gustaría que hubiésemos cambiado y que todo fuese distinto. Pero llámame pesimista, me harás daño. Y aunque suene egoísta no estoy dispuesta a intentarlo contigo de nuevo y acabar ahogándome en lo más profundo de mis muñecas. Lo siento pero no. Esta es la última vez. La última oportunidad que te doy. Que nos doy.
Y a pesar de todo te quiero, y eso me asusta, cariño.

Gracias a ti por impregnar con tu futura ausencia estas palabras, y gracias a Iván Ferreiro por plasmar mis sentimientos antes de que los sientiera.

http://m.youtube.com/watch?v=Rv-MFKstFis

viernes, 21 de noviembre de 2014

Las hojas que estuvieron vacías.

Las hojas en blanco estaban tan tristes que decidieron caer, y así nació el otoño. Era como si los árboles llorasen y el frío aire se cargaba de melancolía. Un día apareció alguien con un poder extraordinario que nadie había visto jamás. Tenía la mirada más hermosa que os podéis imaginar, era casi hipnótica. No le gustaba el otoño. No le gustaban los árboles tan desnudos. Así que cogió las hojas vacías y escribió en cada una de ellas una carta de amor. Las pegó a las ramas y de repente el mundo pareció acelerarse. Comenzó a girar vertiginosamente, y de los árboles crecieron flores. Los lugares que habían ocupado las hojas en blanco se llenaron de color, y llegó la primavera. Y el mundo se dejó llevar aún sabiendo que, como siempre, sería una ilusión, tan efímera como una tela de araña que él tejió para atraparla entre sus redes. Como siempre, la primavera terminaría, y de aquella forma tan dolorosa las palabras se borrarían con la primera lluvia, las hojas volverían a estar en blanco y los árboles a llorar mecidos por el viento, frío de nuevo.
Estaba condenada, era el ciclo del amor.

viernes, 7 de noviembre de 2014

Cuánto duele.

No lo conocí. Tal vez porque no quise hacerlo, tal vez porque nunca me fijé demasiado. No lo sé. Tenía los ojos marrones, de esos que la gente tacha de tan comunes pero pueden matar si la mirada es la adecuada. Recuerdo su pelo, y cómo se enredaba entre mis dedos mientras lo miraba, tan dulce. Tenía un lunar en la mejilla y escuchaba Green Day. Se le marcaban las venas de los brazos, me fijé mientras sonreía viéndolo tocar la guitarra. Tocaba para mí. Recuerdo que había ido al cardiólogo esa mañana, estaba lleno de cables. Fueron una excusa perfecta para mis dedos, que se entretenían dibujando círculos en su pecho. Recuerdo mirarlo a los ojos y haber pensado ''mierda, la acabo de cagar, estoy pillada, estoy jodida.'' Y así fue. Joder, no estaría escribiendo esto de no ser así. Lo cierto es que no esperaba que fuésemos a terminar así. No me di cuenta de que nuestro primer beso ya sabía a despedida. De que el calor de sus manos solo era una ilusión, pero el invierno llegó igualmente. Cuando dijo que quería que todo volviese a ser como antes pensé que iba a recuperarlo, y lo cierto es que fue ahí donde lo perdí. Y es que a día de hoy todavía es un misterio para mí. Nunca lo conocí, y nunca llegaré a hacerlo. Y cuánto duele.

jueves, 6 de noviembre de 2014

Tenía un lunar en el pecho.

Era de las que se tatuaban sin tinta. De las que gritaban más en el fútbol que en la cama. Eso de dormir no lo tenía fácil, pero prefería el insomnio al diazepam y por eso era fiel a sus ojeras. Escribía como Shakespeare, porque su alma era un nido de serpientes. Era de las que solo temblaban de rabia, aunque siempre tenía frío y como apenas comía siempre se sintió vacía. Era de las que morían cada viernes, y resucitaban los lunes para bajar al infierno el resto de la semana. Tenía las manos frías en invierno y el corazón congelado todo el año. Toda ella era una metáfora que habría inspirado a Bécquer para su mejor poema. Le daban miedo las tormentas, y creo que por eso se temía a sí misma. Era la electricidad estática y el polo opuesto del imán. Lloraba más sangre que lágrimas y sus sonrisas eran gris ceniza. Podría haber sido la musa de una película de Tim Burton. Tenía la mirada color cielo en Galicia y era cabezota, digna de su tierra. Era de las que querían y odiaban con el corazón. De las que morían por sus ideales antes de traicionarlos. No le asustaba la muerte porque hacía tiempo que eran amigas. Era de las pacíficas que se defendían violentamente. De las que mordían si la trataban como a un perro. Tenía claras sus banderas. Fumaba cuando le apetecía y volaba para olvidar. Le gustaba reír la última para ganarle tiempo al llanto. Era de las que no llegaban con dos copas de más, porque en sus peores días nunca tenía suficiente. Era de las que besaban por placer y gritaban por necesidad. De las que solo cerraban los ojos a solas. Pensaba demasiado para ser tan inteligente. Acabó autodestruyéndose al no conocer el silencio dentro de su cabeza. Era de las que respiraban por la nariz cuando llegaba la ansiedad. De las que en lugar de Crepúsculo leían a Bukowski de madrugada. Era de las suicidas que cada día morían de una nueva forma.
Hasta que un día se cansó de ser, y ya no fue nada.

martes, 4 de noviembre de 2014

Carta de amor a una musa.

Quién dijo que un artista necesitaba una musa, no tenía ni puta idea de lo que es esto. ¿Quién necesita a alguien? La inspiración viene sola. A veces basta con un clavo y media tacita de dolor, y bam, sangras.
Yo escribo sobre mí, supongo que soy mi musa. Hay tanta destrucción aquí dentro que no necesito salir a buscarla.
Y es que uno mismo es la mejor inspiración. Al menos yo. Tengo la tristeza de la musa. Me conozco pero soy un misterio incluso para mí. Me quiero o me odio, depende de la estación.
Me escribo cartas de amor porque si nadie lo hace por mí, ya lo hago yo.

''Querida musa:
Odio casi todo de ti. Tu pelo, tu boca, tu nariz, tu barriga y hasta los dedos de tus pies. Odio esa manera que tienes de morderte el labio. Odio tu carácter. Que hables demasiado alto cuando te pones nerviosa. Odio que llores de rabia y que tu risa parezca tan alegre. Odio tus uñas mordidas, tus uñas pintadas. Te odio en vestido y tacones. Te odio en sudadera y tenis. Te odio aún más sin ropa. Odio cuando cantas. Cuando hablas y cuando estás callada. Odio tus brazos, el bonito y el de las cicatrices. Odio que no tengas pecas, y tus lunares. Odio tus ojos. Odio que sean tan bonitos y tan tristes. Odio tus ojeras al natural y bajo el maquillaje, duerme. Odio que no puedas dormir. Odio el diente que te rompió tu hermano. Odio las heridas que tienes en los labios. Odio tu torpeza. Odio cuando me miras, y cuando no lo haces también. Odio cuando te haces una coleta. Odio que seas tan desordenada y que estés tan rota. Odio que des tanta importancia a las cosas. Odio que fumes. Odio que lo quieras. Odio que las odies. Odio que escribas. Odio cuando te pones cariñosa. Odio que no seas más fría. Odio que no seas de acero.
Odio odiarte.
Y por eso te quiero.

Y por eso me quiero,''

lunes, 27 de octubre de 2014

''Hoy hasta el Lucky huele a ti.''

Que ya me da igual si salgo o no de esta, que tal vez tú podías haberme salvado pero fuiste mi perdición cuando te perdiste tras la puerta diciendo adiós.
Aunque trato de autoconvencerme de que no vales la pena, de que me merezco algo mejor. Realmente no me lo creo, pero ya aparqué el bolígrafo y ahora escribo con la pluma para que perduren más mis palabras. Que quizás deba hacer caso de aquella canción que decía que el seis no es un número bonito. Mejor el ocho, o el tres. O incluso el cero, porque es mejor estar sola que a tu lado.
Las pesadillas continúan cada noche y los versos de Manrique dan vueltas por mi cabeza.
''...que cuan presto fue ausente,
tan presto será olvidado,,,''
Qué razón tenías, amigo, pero no hablabas de lo que ocurre con los que solo se van en parte y se llevan algo de ti con ellos.
Cada vez estoy más vacía. Acabaré quedándome sin corazón pues cada persona que me hace daño (y son muchas) se lleva un trocito.
Bah, quedáoslo. Ya no lo quiero. Llevaos mi alma y mi sonrisa rota. Llevaos mi corazón y mi orgullo, ya no los necesito.
No sentir nada cuesta y duele, pero es peor sentirlo todo. Nunca me quisiste, pero te he besado tantas veces cuando eras cicatriz que es como si hubiésemos sido todo, O nada, pero era nuestro. Era nuestra nada, nuestro desastre, nuestra jodida ruleta rusa donde siempre salía sangrando yo.
Tengo una caja llena de recuerdos, se llama mi cabeza y cada día enloquece más. ¿El resto? Los he quemado. Las fotos, las cartas. Me he quemado yo tratando de olvidarte y no lo he conseguido. ¿O sí?
No, es inútil mentirme a mí misma. Y es que a estas alturas ya no sé qué quiero. Tal vez lo quiero todo, no lo sé. Estoy tocada de la cabeza y hundida entre tu pelo, pero llevo tanto tiempo en este desorden que ya me he acostumbrado.Dile a la muerte que no venga a buscarme todavía, que aún tengo que dar mucha guerra aunque pierda todas las batallas.
La herida que dejaste es tan grande que ni todos los clavos del mundo podrían detener la hemorragia, pero ten por seguro que voy a encontrar la manera de dejar de desangrarme aunque tenga que arrancarme el corazón con mis propias manos.
Dicen que del odio al amor hay un paso, igual que desde donde estoy al vacío. Yo me he quedado a medias y tiras de mí hacia la caída como un imán. Lo malo es que somos polos opuestos, pero ya estoy cansada de dejarme arrastrar.
Cansada de estar triste.
Estoy intentando transformar toda esta rabia en palabras y la tinta se seca en el papel al igual que las lágrimas en mis ojos. Prometí muchas cosas, pero juré no volver a llorar por ti. Y ya sabes que soy chica de promesas sin cumplir, pero que si nunca juro es precisamente porque eso sí lo cumplo. Estoy consiguiéndolo, poco a poco dejarás de dar vueltas en mi mente como un puto disco, repitiendo la misma canción una y otra vez.
Como dije tantas veces espero que cada día te arrepientas de esto. No de lo nuestro, si no de lo que me has hecho.
Espero que tengas ojeras tan profundas como las mías, que tu conciencia te susurre todo lo que hiciste mientras intentas dormir. También me dije que iba a dejar de escribirte, pero qué más da. No puedo, necesito este alivio o más metal. De todas formas no importa, nunca fui coherente. Cualquiera que me conozca lo sabrá. Que digo que he dormido genial cuando bajo el maquillaje se adivinan mis ojeras y que soy feliz mientras se me escapa una lágrima.
Vivo en crisis y no es por ser española, es por las ruinas que dejaste antes de irte. Los veranos nunca fueron tan tristes como aquel y al llegar el día te recuerdo, una vez al mes, a la semana, al día, a la hora. Y no es fácil pensarte todo el tiempo.
A veces, como ahora, se me va la olla. Hay una parte de mi mente que me empuja a escribir eso, que me susurra incesantemente tu nombre. Acabaré volviéndome loca como Edward Mordrake, pues el sonido de tu nombre en otros labios tortura tanto como las palabras solo oídas en el infierno. Tengo más folios que alegrías, más cicatrices que buenos días, más odio que amor y más ganas de romperte de las que debería.

Si juegas con fuego te quemas, pero tú, tú vas a arder.

miércoles, 22 de octubre de 2014

Diálogos entre sábanas.

Se incorporó un poco más en la cama.
-¿Algún día volveré a sentir?
-¿Para qué quieres sentir?
-No lo sé. Parece...bonito.
-¿Bonito? ¿Era bonito cuando yo no estaba?
-No...
-¿Cómo era?
-Era... doloroso.
-¿Por qué?
-No lo sé.
-Lo sabes perfectamente, no te hagas la tonta conmigo.
-Porque sentía.
-Exacto. ¿Quieres volver a eso?
-No, pero... No lo sé.- Se miró el brazo, pensativa.- Esto también duele.
-Sabes que no. Sabes que no duele ni la mitad. Que es mucho mejor.
Ella dio otro trago a la botella. Ya estaba casi vacía.
-No sé...
-Vamos, no puedes dejarme ahora. No puedes echarme.
Encendió el cigarrillo y le dio una fuerte calada. Se quedó callada.
-Vamos, no me hagas esto. Te quiero.
Sonrió amargamente. Cuando habló, casi lo había terminado.
-Yo también te quiero.
Apagó el cigarrillo contra su mano y se quedó mirando la palma, como absorta, con esa fascinación en la mirada pero sin ninguna muestra de dolor. Dio el último trago a la botella.
Alzó la vista, lo miró a los ojos y lo besó.
-Buenas noches.- Dijo ella.
-Buenas noches.- Respondió el monstruo, antes de volver a debajo de su cama.

Era una actriz cansada de esta tragicomedia que es vivir.

Eras una espinita y acabaste siendo el árbol entero. Ya me dirás cómo coño te olvido yo ahora, porque siempre me dijeron que un clavo saca a otro clavo pero nadie habló jamás de las estacas.
Dime cómo me deshago del sabor de tus labios sobre los míos. Del calor de tus manos y del tacto de tu piel en mis dedos.
De esa melodía que tocaste para mí.
Dime cómo te olvido. Solo dímelo.
Te prometo que no me verás llorar. No me verás romperme.
Tan solo quiero saber cómo olvidarte.
No pido tanto. No te pido que me quieras.
Solo que no me dejes aquí más tiempo como si fuera tu marioneta. Colgada de ti.
Dame vida o corta la cuerda, pero estoy cansada de ser actriz.
De repetir siempre la misma tragicómica actuación donde siempre salgo perdiendo.
Cambia la obra o cierra el telón.
Me vuelvo a casa, me cansé de esperar(te).
Se acabó la función.
Adiós.

martes, 21 de octubre de 2014

Historia breve y ardiente como un cigarrillo que se consumió demasiado deprisa.

Era un día cualquiera.
Como cada mañana se miró al espejo;
los ojos un poco más verdes,
la sonrisa un poco más grande.
Un poco de maquillaje aquí, y allá
y ya era feliz.

Como cada tarde se miró al espejo;
los ojos un poco más apagados,
de la sonrisa ya ni rastro.
Se quitó el maquillaje...
y ya no era tan feliz,

Como cada noche no quiso ni mirarse al espejo;
sabía que sus ojos estaban húmedos,
sus ojeras bastante más oscuras.
Las cicatrices un poco más profundas
y el alma tan rota como siempre.

Aquel día quería ser como todos los demás, pero no lo fue;
el despertador marcaba las cuatro.
Era tarde, y ella seguía perdida entre recuerdos.
Las noches de noviembre nunca habían sido tan largas,
su almohada nunca había estado tan mojada,
ni sus sábanas tan rojas,
ni le habían dolido tanto las muñecas.

Aquel día le dolía tanto el corazón
que decidió tomarse la caja entera de pastillas
porque estaba cansada del dolor.
Y así se consumió, en una noche oscura.
Sollozando;
igual que había venido al mundo,

Amor, mi opio, nuestro odio, tu adiós.

Han vuelto. Llevaba tiempo resistiendo, pero mis defensas se han venido abajo, al igual que yo.
Necesito un perfume más fuerte para camuflar este olor amargo a dolor que se va apoderando de mí. Más maquillaje para tapar estas ojeras. Una sonrisa nueva.
Unos acordes que no duelan.
Porque, ¿Quién dijo que las lágrimas eran para el otoño y las canciones tristes para los días de lluvia? Los corazones se rompen por igual en todas las épocas del año. 
Creedme a mí, que he llorado el día más soleado del verano y sonreído feliz bajo la lluvia de noviembre.
Creedme cuando os digo que el dolor es cosa de las personas. Que incluso la canción más triste te dejará indiferente si no te trae ningún recuerdo, y la melodía más alegre puede hacerte llorar.
Y es irónico, como unas nubes de papel que se deshacen al llover.
Como yo, que te quiero aunque me rompa.
Tú me diste las alas pero no quisiste enseñarme a volar. Me empujaste al vacío y ahora voy cayendo de precipicio en precipicio, saltando al vacío a ver si en el fondo me encuentro, o te encuentro, o nos encontramos.
Imagínate que un día ya no te necesito, que no me duele verte, que mi autodestrucción no es por ti, que ya no lloro al recordarte.
Imagina que quemo nuestro pequeño capítulo y el dolor se lo lleva el viento mezclado con la ceniza.
Imagínate que mis labios los muerda otro, que mis mañanas de verano ya no sean tuyas.
Imagínate que alguien más me enseña a volar con las alas que tú me has dado, que ya no bajaré en la parada de tu casa ni un lunes más.
¿Me echarías de menos?

domingo, 19 de octubre de 2014

martes, 7 de octubre de 2014

Acordes rasgados en una guitarra.

Siete menos algo de un día de octubre.
No sé si fuera estaba lloviendo o no.
No sé si hacía frío o no.
No sé si soplaba el viento o si el mar estaba en calma.
Sé que me besaste. Y te besé. Y nos besamos.
Y no me gusta la sensación de estar siendo demasiado cursi, pero es cierto.
Es cierto que mi corazón se paró un instante cuando me dijiste ''¿No me das un beso?''
Y es cierto que las agujas del reloj parecieron dejar de avanzar mientras te sentía respirar en mi cuello.
Mientras me besabas y yo hacía caracoles con tu pelo.
Mientras me acariciabas las manos y yo hacía círculos en tu pecho con el dedo.
Es cierto que sonreí como una niña después de que me mordieras el labio, como tantas veces había echo yo pensando en ti.
Y es cierto que me emocioné cuando cruzaste el umbral de la puerta de nuevo, esta vez con la guitarra en la mano. Y te sentaste a mi lado y me dijiste, toca. Y rasgué un par de cuerdas sin tener idea de lo que hacía, y te la di. Y me sonreíste. Y casi me haces llorar cuando de tus dedos salieron los primeros acordes de All of me.
Y tú no te sabías la partitura entera.
Y yo no me sabía la letra.
Pero la canción nunca sonó tan perfecta para mí.

domingo, 5 de octubre de 2014

Los ángeles también sangran.

Déjame acercarme o aprieta el gatillo. Ya he tenido 35 balas con mi cuerpo, nada ocurrirá por una más.
Esta vez sueño sin armadura esperando que me mantengas a flote y no me estrelle contra el suelo.
No tengo miedo de que me cortes las alas porque antes tendrías que dármelas, pero cuando lo hagas vueles junto a mí. Que te quiero, pero no dudaré ni un segundo en arrastrarte en mi caída si me haces daño. Ya me he cansado de ser buena, a partir de ahora quien me joda compartirá mi dolor.
Que aprendan que los ángeles también sangran y los venenos más letales son los más dulces.
Que las rosas tienen espinas y hay que pincharse para arrancarlas.
Que las ruinas de Roma son bonitas, pero nadie habla del dolor que hay bajo el polvo de los caminos.
Que el amor no es un te quiero y el dolor no es una lágrima.
El amor y el dolor son la misma cosa, el ying y el yang. Complementarios.
No pueden existir el uno sin el otro.
Igual que tú y yo. No sé lo que somos, pero yo no seré nada cuando me faltes.
Y cuando me faltes, cuídate. Cuídate de la tristeza. Cuídate de mí.
Huye, corre, escapa. Aléjate de mí, porque, si estoy dañada, soy como una tormenta. Un huracán de emociones que destruye todo (y a todos) a su paso.
Protégete del temporal, hazme caso ahora que todavía conservo parte de mi cordura.
Confía en mí. Hazlo ahora que todavía tiemblo cuando no sonríes.
Antes de que me haga feliz ver el daño que te he provocado.

Pero, mientras tanto, quédate.

viernes, 3 de octubre de 2014

El poeta pide a su amor que le escriba.

Amor de mis entrañas, viva muerte,
en vano espero tu palabra escrita
y pienso, con la flor que se marchita,
que si vivo sin mí quiero perderte.

El aire es inmortal. La piedra inerte
ni conoce la sombra ni la evita.
Corazón interior no necesita
la miel helada que la luna vierte.

Pero yo te sufrí. Rasgué mis venas,
tigre y paloma, sobre tu cintura
en duelo de mordiscos y azucenas.

Llena, pues, de palabras mi locura
o déjame vivir en mi serena
noche del alma para siempre oscura.

                                   Federico García Lorca.

jueves, 2 de octubre de 2014

Ahora no debo soñar.

Que yo también me ahogué en esas aguas como un náufrago en el mar de tu mirada, pero la sal, aunque escuece, me cura las heridas que no cicatrizó el tiempo. Las cenizas de mis recuerdos me queman las palmas de las manos pero yo sigo adelante, escribiéndote aunque me duela, esperándote aunque no tenga paciencia, porque octubre se nos ha echado encima y los domingos de noviembre se me hacen demasiado tristes sola.
Maldito, maldito sea el día que me perdí entre el sonido de tu voz, que tus cuerdas vocales me atraparon y me hacen vibrar cuando alguna palabra para mí sale de tus labios.
Pues te pertenezco desde aquel día que te miré y sentí algo que se salía de todas las gráficas, desde el día que entré en tu órbita espacial de la que no consigo salir.
Atrápame o suéltame. Abandóname o hazme tuya. Quiéreme. Ódiame.
Pero quédate a mi lado.
Tan solo quédate, permanece a mi lado de una forma u otra pero quédate aquí, conmigo.
No me obligues a echarte de menos cada día, en este delirio monocromático pintado de gris.
No me obligues a perderme de nuevo ahora que me he encontrado al encontrar mi reflejo en el marrón de tus iris.
Fundámonos en una explosión de locura y fuegos artificiales teñidos de dolor y lágrimas de felicidad.
Sangra conmigo, maldita sea.
Que entre nosotros haya de todo menos espacio.

martes, 30 de septiembre de 2014

De nuevo está solo y de nuevo empieza a envolverle el silencio.

Esta vez eres tú. Sí, tú. Esta vez eres tú mi musa. No lo sé, me parece necesario. Y te escribo por aquí lo que no soy capaz de decirte directamente. No sé por qué. Porque no me expreso igual si sé que hay alguien detrás, escuchando, leyendo o lo que sea. Que supongo que habrá quien lea esto, pero no es lo mismo, imagino que me entenderás.
La verdad, no tengo un por qué demasiado claro para escribirte esto.
Supongo que me recuerdas a mí, y no creo que eso sea del todo bueno.
No le desearía a nadie ser como yo, y en cambio tú lo eres.
¿Alguna vez te han dicho que tienes los ojos tristes?
Sí, los tienes. Lo cierto es que tienes una tristeza extraña en la mirada, que no había visto nunca fuera del espejo.
Los disimulas con esa cálida y alegre sonrisa, pero tus ojos siguen tristes.
A veces casi puedo ver ese aura gris de misterio que te rodea.
Eres como un muro impenetrable.
Querida por muchos pero comprendida por pocos.
Eres la clase de persona a la que haría fotos sin que se diese cuenta, porque me gustan mucho más las fotos espontáneas, y tú no necesitas posar para que las fotos sean preciosas.
Eres la clase de persona a la que dedicaría cualquier obra de arte, y sería fácil, pues tú misma eres arte.
Eres la clase de persona de la que me gustaría saberlo todo y no saber nada, para mantener el misterio.
Eres la clase de persona a la que escribir un martes por la tarde.

Para Paula.

lunes, 29 de septiembre de 2014

J.

El café amargo, como los sentimientos.
Como 4 minutos y medio de piano triste después de que te hayas ido a dormir.
Y las fresas dulces, como tú.
Como esos labios que solo he probado en mi imaginación.
Como tus palabras que me salvan de ir por el mundo dando tumbos.
Que, tal y como dice el dicho, un clavo no sacó a otro clavo, pero aquí llegas tú dispuesto a sanarme todas las heridas del corazón.

Por ti.
Porque te quiero.
Porque me quieras.
Por los recuerdos que tenemos pendientes de crear.
Porque, aunque digan que es lo último que se pierde, yo ya no tenía esperanzas hasta que tú apareciste.
Por la felicidad de los lunes por la tarde, porque merece la pena ir a clase solo por cuando me acompañas un trocito hasta casa, y nos paramos a hablar en el portal que hemos convertido ya en nuestro, a mitad de camino entre tu casa y la mía, tu mundo y el mío, y lo bonito que es que ninguno de los dos quiera despedirse.
Por los abrazos que nos dimos en frente de aquel supermercado justo antes de darnos la vuelta, y porque al dar el primer paso en dirección contraria a la tuya ya te echo de menos.
Por tener un mensaje tuyo nada más decirte adiós y porque aunque acabe de verte me de un vuelco el corazón al leer de quién es.
Por las cartas que nunca te escribí y las palabras que nunca te dije.
Porque eres la única persona a la que he jurado algo, aunque sabes que yo nunca juro a no ser que vaya a cumplirlo. Y si es por ti lo cumpliría todo, cambiaría mis vicios por ti, y a ti no te cambiaría por nada.
Porque te quiero y no pienso abandonarte a no ser que tu felicidad dependa de que lo haga.
Por las veces que me llamas corazón.
Porque yo he empezado a llamártelo a ti y he dejado de compararlo con cosas rotas.
Porque he dejado de estar rota.
Porque me quieres.
Porque te quiero.
Por ti.

Porque ni el 16 ni el 19 se comparan a ti. Porque me haces olvidarlos.

Porque sí.

Porque me haces feliz, y nadie lo había conseguido hasta ahora.

sábado, 27 de septiembre de 2014

Culminación del dolor.

Recogiendo mi habitación, me di cuenta de que había un libro en mi escritorio. Me agaché para recogerlo y llevarlo a su sitio, pero parecía que El nombre del viento me reservaba una última sorpresa. Una hoja de papel resbaló de entre sus páginas. El libro dejó de interesarme lo más mínimo. La había reconocido. La abrí. Una hoja de papel machada de tinta, sangre y lágrimas. Recordaba haberme llenado las manos de tinta china por empeñarme en escribir con pluma. La leí y no pude evitar que una pequeña lágrima resbalara por mi mejilla. Había trozos en las que mi normalmente cuidada caligrafía era casi ilegible, se respiraba la desesperación en el papel. Olía a tabaco y al metálico de la sangre. El principio se leía, al final podías apreciar incluso el temblor de mi pulso.
Era la culminación de mi dolor, escrita tiempo atrás. Decía así:

''Te miro y no siento nada. Otras veces lo siento todo. Hay veces que pienso en ti y recuerdo las tardes de verano, y otras tarareo sin querer las canciones que escuchamos hasta hacerlas nuestras.
Hay veces que miro por la ventana y pienso en qué estarás haciendo, como cuando paso por delante de tu casa y te imagino tirado en el sofá jugando al Fifa o a alguno de esos videojuegos que solías dejar en pausa para contestar mis mensajes.
Hay veces que miro mis brazos y pienso en lo estúpida que fui al creerme todas esas promesas que sabía que no ibas a cumplir.
Como cuando paso los dedos por mis heridas sin darme cuenta y, de repente, vuelven a doler como si estuviesen aún abiertas.
Hay veces que te miro y siento tus ojos clavados en los míos, y dueles,
Dueles, pero no como has dolido antes.
Dueles como el recuerdo de una infancia que nunca volverá.
Dueles como cuando pierdes algo para siempre.
Es un dolor extraño, casi transparente, que casi no se ve pero se siente.
Vaya, una rima. Supongo que tengo alma de poeta.
Serían unos poemas muy aburridos, siempre hablando de amores no correspondidos, tristeza, dolor y autodestrucción.
Sinceramente, no quiero ser poeta.
Sueño con que algún día aparezca alguien con quien no vuelva a sentir la necesidad de escribir.
Alguien que llene este vacío y me salve de mis precipicios, o que caiga conmigo por ellos.
Alguien con quien beber, discutir, follar, sangrar y fumar.
Alguien que comparta mi autodestrucción.
Que arda conmigo en el infierno, joder.
Eso es el amor.
O quizás no.
Quizás eso sea todo lo contrario pero, si el amor no consiste en eso, no quiero amar,
No quiero una historia de amor como las de las películas.
No quiero un amor perfecto, porque la perfección aburre.
Quiero un amor como el de Sid y Nancy. Breve, intenso, verdadero.
¿A quién le importa morir joven después de vivir eso?
Necesito a alguien que me quiera con mi destrucción, mis cambios de humor, mis arrebatos de locura, mis noches de llanto, mis gritos y mis falsas sonrisas.
Alguien que sepa que, como dijo Johnny Cash, le haré daño. Pero que aún así se quede a mi lado.
Alguien que me quiera en mis borracheras y que me líe el último porro cuando no pueda ni sostenerme en pie. Alguien que llore y ría tanto por mí como conmigo.
Alguien con quien discutir y follar al reconciliarnos.
Alguien que me diga lo fea que estoy recién levantada.
Que me diga que necesito un psicólogo, que me estoy volviendo loca.
Alguien con quien comer cuando tenga hambre y dormir cuando tenga sueño, alguien con quien ser libre y recorrer el mundo tan solo con una mochila a la espalda.
Alguien a quien susurrarle un te quiero mientras le mordisqueo la clavícula,
Que me diga que no me muerda el labio a no ser que vaya a dejarle hacerlo a él.
Alguien con quien estar en silencio en algún lugar solo para nosotros, viendo al sol ponerse sobre el mar mientras suena una canción triste.
Alguien a quien gritar dentro y fuera de la cama.
Alguien que piense en mí al escuchar a Alice Cooper cantar Poison.
Que me regale discos viejos en lugar de flores o bombones,
Alguien con quien ver Star Wars y recitar poemas de Bukowski,
Alguien que me dedique un graffiti en las afueras de cualquier ciudad que visitemos en lugar de una carta de amor,
Que me repita lo jodidamente loca que estoy y lo que le gusta.
Alguien con quien amanecer en lo alto de un rascacielos de Manhattan o en el pajar de una granja de Gales.
Alguien con quien beber café helado.
Alguien con quien ver el fútbol y que me pique cuando mi equipo gane.
Alguien con quien ser feliz.''

Esta es la culminación de mi dolor. Me apetecía ponerla por escrito antes de hacerla arder y que el viento se lleve las cenizas. Lleva mi sangre, mis lágrimas. Con ella arderá una parte de mí y podré al fin dejar atrás el pasado,
Porque, es curioso como empecé hablando de lo que hago cuando te veo, y terminé hablando de lo que me gustaría que hicieras conmigo.

lunes, 22 de septiembre de 2014

Tú conmigo y yo sin ti.

Estoy cansada. Cansada de ti, de este estúpido juego que te traes entre manos. Y cada vez que te escribo me siento un poquito más contigo, algo más lejos del olvido y un paso más cerca de la muerte.
Pero de alguna forma lo necesito para no explotar.
Necesito decir que estoy harta de ti. De este tira y afloja al que jugamos los dos.
Es un juego de ''ni contigo ni sin ti'' que tú solito te has montado y de alguna forma me has liado para que juegue contigo.
Es como los Juegos del Hambre. Solo puede quedar uno.
¿Y sabes qué?
Esta vez seré yo.
Porque si, como he dicho, esto es un ''ni contigo ni sin ti'', cuando acabe el juego tal vez cada uno se quede con una parte de la frase.
Y ten claro que, si es así, será tú conmigo y yo sin ti.

jueves, 18 de septiembre de 2014

16 gotas de sangre en el colchón.

Lo quería. Habían pasado ya más de dos años y, bajo todo el odio, seguía queriéndolo. Ya no de la misma forma, nunca tendría nada con él, pero de todas formas lo quería.
Aparecía en cada gota de agua pegada en su ventana las tardes de lluvia.
En cada uno de los acordes de aquellas canciones.
En esa fecha que tenía grabada a fuego en el pecho, cada 16.
En el olor de aquella colonia que impregnaba su sudadera favorita.
En cada cicatriz.
En cada cigarrillo.
En las cenizas de cada fotografía que quemó.
Aparecía en muchos sitios, pero ya no dolía.
Es decir, sí, dolía, pero no como antes.
Era un dolor dulce, melancólico, como sumirse en un sueño profundo tras una tarde fumando.
Como el dulce de un pastel lleno de chocolate y veneno, porque así era él.
Dulce como el caramelo y venenoso como una viuda negra.
Y quemaba.
Oh, vaya si quemaba.
Y ella se derretía en aquella mirada que apenas expresaba nada.
Y recordó el tiempo en que lo había querido de una forma distinta, y él había dolido de verdad.
Un dolor punzante como mil agujas clavándose en su pecho.
Recordó cada vez que trató de volverse fría y él destruyó su muro de piedra.
Lo echaba de menos.
Y todo apuntaba a que él a ella no,
Pero un día, un día no tan lejano como parecía, pasó algo increíble.
Lo miró a los ojos, como tantas veces, y esta vez ella sonrió.
Sonrió porque él había bajado la guardia y dejado ver en sus ojos que la echaba de menos.
Ese día se acostó feliz.

Descubrió que el hielo podía quemar al fuego antes de derretirse.

martes, 16 de septiembre de 2014

Joder.

Últimamente escribo mucho.
Supongo que todo me duele mucho, también.
Y cuando algo me duele escribo, y parece que el dolor se escapa flotando entre mis dedos.
Si publicara todo lo que escribo, ¡dios mío! Os cansaríais de mi dolor.
A veces me pregunto qué pasa con todo ese dolor que sale de mí. ¿Acaso entra en otras personas? ¿El dolor que yo siento es el dolor que alguien ha liberado? ¿Seré la responsable del sufrimiento de alguien? ¿Habrá alguien en algún lugar sintiendo mi dolor?
No lo sé.
Pero sé que repito mucho la palabra dolor. Lo hago con las palabras bonitas,
Y sí, dolor me parece una palabra bonita, a pesar de todo lo que implica.
Otra de mis teorías sobre el dolor es que se queda atrapado donde lo liberamos. Yo suelo escribir en mi habitación, y por eso a veces, en las tardes solitarias de lluvia, vuelve el dolor nuevo, mezclado con el dolor viejo que alguna vez sentí y liberé.
Lo mejor es escribir al aire libre, así el dolor sale volando hacia el cielo y se pierde entre las nubes.
Y, si lo liberas bien, tal vez nunca más vuelva.
Debería empezar a hacerlo así, porque mi dolor viejo ha vuelto.
Y había tanto acumulado entre las paredes de mi habitación que tuve que abrir la ventana y dejar que algo se escapara, porque se metía tanto de golpe en mi corazón que sentí que me iba a estallar.
Tenerlo en mi clase no es bueno.
¿Por qué tendría que repetir?
Ahora todo me duele más.
Y es un dolor viejo que conozco bien.

martes, 9 de septiembre de 2014

Septiembre.

Septiembre, el noveno mes. El mes de mi cumpleaños. Siempre he creído que este era mi mes de la suerte, así como el nueve era mi número. No sé qué define algo como ''de la suerte''. Supongo que en mi caso fue la coincidencia, pues el nueve es un número que se repite cuatro veces en mi fecha de nacimiento. 19/09. El año, podéis adivinarlo. Pero parece que no me ha traído demasiada suerte, sinceramente. Para empezar, el 19 es un número que me trae tantos recuerdos que duele. Y duele de una manera que ni os imagináis, y por eso no hablaré de él. Porque ahora que empiezo a arreglar mis trocitos no voy a romperme de nuevo a base de machacarme con recuerdos que no van a volver.

Tengo la impresión de que hoy va a ser un día muy largo. Plagado de llanto y discusiones. De gritos en el silencio y miradas cargadas de dolor. 9/09. Cinco antiguas amigas se reúnen para aclarar el maldito desastre que entre todas han creado. Tan vez se dividan en grupos o cada una se marche por su lado, lo que está claro es que nada está claro. Lo que está claro es que habrá palabras que herirán más que cualquier dolor físico.

A veces creo que soy demasiado explícita cuando escribo pero, qué cojones importa. Si total las pocas personas que me leen no pueden entenderme con un puñado de textos en un blog que a nadie le interesa.
Así es, para entenderme se necesitan como mínimo mil entradas, cien litros de lágrimas y un poco de sangre derramada. Y aún así, creo que nadie podría llegar a comprender realmente lo que siento. Tal vez sea por eso por lo que me interesa la psicología. Para entender a la gente como nunca me entendieron a mí. De todos modos, me voy del tema.

Es septiembre, y seguimos estando separados.

Tal vez es el destino que no quiere juntarnos, o tal vez sea nuestra culpa. No lo sé. Lo cierto es que tal vez tú no tengas nada que ver y la culpa sea mía. Por dudar, por no saber qué hacer. Ahora me he quedado sin ti y tú te has quedado con otra. No importa. De todas formas me he llevado tantos golpes que he terminado por acostumbrarme al dolor. No te preocupes, porque no pienso permitir que duelas más de lo que han dolido otros. No serás especial, no te querré más que a otros. Y no me romperás, porque otro se te ha adelantado y todavía no he vuelto a pegar mis pedazos. No me he arreglado porque cuando creo que de nuevo soy feliz vuelven a destruirme y eso cansa. Porque si no fuese por este dolor en el pecho dudaría de si estoy viva y necesitaría comprobarlo. De nuevo, volverían. Y volverías. Y no lo permitiré. Ahora tengo que ser fuerte por mí misma.
Bah, como si pudiera.
Acabaré sentada en una esquina de mi cuarto con la luz apagada. Llorando, sangrando, gritando. Me gustaría follarte pero más que un polvo te echo de menos. Tendré que conformarme con un abrazo y ver cómo te alejas de la mano de mi mejor amiga. Me quedaré con el dolor en las costillas y el vacío en el estómago. Me quedaré, como siempre, sola, y tal vez es como debería estar.

¿Sabéis una cosa?
Quizás, lo más triste de esta historia, es que a pesar de todo septiembre sigue siendo mi mes de la suerte.
Deberíais verme el resto del año.
Un desastre que vive más bien por inercia y se pasa la existencia entre papeles.
Libros, libretas, folios, papeles de liar.
Leyendo, estudiando.
Escribiendo.
Fumando.

Destruyéndome,
tal y como lo hacías tú.

lunes, 8 de septiembre de 2014

I don't wanna miss a thing.

Algún día te dije que era una puta inestable. Más de una vez lloré en tu regazo. Alguna tarde te consolé por teléfono sintiéndome impotente por no estar allí dándote uno de los muchos abrazos que te tengo dado. Muchas noches en vela se me pasaron volando hablando contigo. Las mañanas de verano que venías a buscarme a casa y nos sentábamos en cualquier sitio con la música a todo volumen, cantando. Cantando a gritos esas canciones que hoy escucho y me recuerdan a esos días que me parecen tan lejanos que duele. Siento que nunca los recuperaré, que solo serán eso, recuerdos. Como las vacaciones de navidad que por poco pasas enteras en mi casa, o esas noches en la tuya riendo y sin dormir. Siempre tendré grabado el camping. El día que nos sentamos en un tejado a hablar de aquel chico que te gustaba mientras sonaba un beso de desayuno una y otra vez. Y en clase, dios mío. Aquellos desvaríos no eran normales. Las horas de lengua que se nos hacían eternas separadas. Eternos se me hicieron los días que estuve sin ti, al igual que lo estoy hoy. Nosotras que presumíamos de no habernos enfadado jamás, y míranos. ¿Cómo coño llegamos a esto? Me gustaría volver al verano pasado aún con todo lo que pasó, tan solo para recuperarte, para hacerlo todo bien desde el principio. Por favor, solo dime en qué momento se torció todo, y volveré a vivir los peores momentos solo para que vuelvas. Que no me importaría vender mi alma al puto diablo con tal de que todo volviera a ser como antes. ¿Qué puedo perder? Total, el infierno ya lo tengo, y es estar sin ti. Que pienso que nada va a ser como antes y no quiero creerlo, pero lo hago, y me quiebro. Y tu aparente indiferencia no me ayuda en absoluto. No sé si algún día te importé, o si hace tiempo que dejé de hacerlo. No sé si has llorado por mí, y si es así te diré que no vale la pena. Que no valgo la pena. Porque llevan tanto tiempo diciéndome que lo hago todo mal que ya no sé creer otra cosa. Que soy un puto desastre y te mereces algo mejor, pero ¿Qué le quieres? El daño ya está echo. Ya te quiero, y no puedo sin ti. Aunque, como Rulo se empeña en recordarme a través de los cascos, tal vez sea mejor así. Tal vez estemos mejor separadas. Quien sabe. Lo que sé es que pase lo que pase no puedo seguir estando mal por ti.
Si vas a pasar página avísame y juntas quemaremos el libro.
Pero recuerda que donde hubo fuego, cenizas quedan.

lunes, 1 de septiembre de 2014

Knocking on Heaven's door.

Hoy he encontrado la mejor sensación del mundo. Es algo tan simple, tan cotidiano, que me hace sentir mejor que ninguna otra cosa. No sabéis de qué hablo si nunca habéis estado en un lugar que aborrecéis y de repente algo ha cambiado, como si alguien hubiera pulsado el botón de la felicidad, y todo ha sido perfecto. Odio la playa de día, en verano. El ruido, la gente, el calor agibiante... No me gusta. Pero me puse los cascos y la primera canción que sonó me hizo olvidarme de que estaba en un sitio que odio. No sé. De repente era el momento perfecto en el lugar oportuno. Lo que hace una canción, ¿eh? Así que hice lo que cualquier persona. Subir el volumen todo lo que pude. Y entonces todo a mi alrededor se apagó. Todo el mundo estaba haciendo cosas, nadando, riendo, tomando el sol, paseando o durmiendo la siesta. Y mientras yo estaba muy lejos de allí, flotando en algún lugar muy alto mecida por la voz de Bob Dylan. Es algo increíble. Me hizo feliz, pero me entristece saber que no se repetirá. Aunque ponga la misma canción en el mismo lugar. Y eso me hace preguntarme, ¿Cuándo volveré a sentir algo así? ¿Dónde será? ¿Qué canción? ¿Quién pondrá voz a ese momento? ¿Estaré sola? ¿Quién me acompañará? Espero que no sea pronto. Quiero decir, tengo ganas de sentirme así. Pero los sentimientos son como los amores; si los usas mucho, se desgastan, pierden su significado, y nunca se vuelve a experimentar la misma sensación. Y supongo que sería algo muy triste, porque realmente me sentí como llamando a la puerta del cielo.

Sálvame, joder.

Sálvame del insomnio, de los sueños y las pesadillas. De verte solo cuando cierro los ojos. Sálvame de perderme en tus pupilas, porque al fin y al cabo soy yo quien te piensa e impide que caigas en el olvido. Sálvame del dolor de verte con ella porque ni siquiera el saber que soy yo la causa de tu felicidad me consuela. Sálvame de tu risa. Sálvame de este vacío que crece en mi estómago y amenaza con arrancarme el alma. De este sabor a sangre en el fondo de la garganta. Sé mi ángel y súbeme al cielo, o arrástrame al infierno junto con el resto de almas perdidas. No me importa. Me da igual adónde me lleves mientras me salves de ir por el mundo dando tumbos con este frío quemándome las entrañas. Sálvame del dolor en las costillas que me dejaste al irte. Sálvame de no ser nada y de serlo todo. Sálvame de tu ausencia.
Sálvame de ti, pero sobre todo, sálvate de mí.

jueves, 28 de agosto de 2014

Los corazones de piedra también se rompen.

Sentimientos, dolor y odio.
Las uñas mordidas y los ojos tristes.
Los sollozos en el silencio de una mirada perdida.
Lloran las calles entre las que enloquecimos
y el velo en la mirada
de los muertos con los que bailamos
aquella noche en el cementerio
entre cigarrillos y botellas de whisky
se ha vuelto todavía más rojo
como aquel pintalabios que te encantaba que me pusiera.
Me quieren con ellos, los muertos
ahora que te has ido
y ya nada me retiene aquí.
Este mundo es para los vivos
y yo morí ahogada hace tiempo
en el triángulo de tus lunares.
Parece que los corazones de piedra también se rompen
si los dejas caer al vacío con suficiente fuerza.
No podéis saber lo que se siente
si nunca habéis sido de piedra
y os han roto como el cristal.
No podéis saber lo que se siente
si el mundo no se ha roto nunca ante vuestros ojos
y sus pedazos se os han clavado como una lluvia de puñales.
No podéis saber lo que se siente
si nunca habéis sentido que nada os consuela
y ni siquiera los gatos correteando por la carretera os hacen sentir mejor.
No podéis saber lo que se siente
si nunca habéis sido fríos
y lastimado a los vuestros
para que ellos no os lastimen
pero al final
todo duele.
Un corazón de piedra que se rompe
deja una sensación extraña
como un escalofrío a 30 grados,
el calor en una noche de diciembre
o el sabor de la sangre en el fondo de la garganta.
Es una tristeza profunda
permanente
y no salen las lágrimas
sino que se congelan en los ojos
y vuelven la mirada gris.
Fría como el hielo.
Y, ¿Sabéis que es lo peor
de un corazón de piedra que se rompe?
Que es muy difícil de arreglar.
Y si lo consigues
siempre, siempre
quedan grietas.
Como cicatrices, recordatorios.
Y esas grietas, son lo que más duele
cuando un corazón de piedra se rompe.

lunes, 25 de agosto de 2014

Eras aquella herida que no dejaba de abrirse.

Recuerdo todo de ti.
Tus lunares. Tu sonrisa. Tu voz. Tus ojos. Tus labios. Tu pelo.
Tu forma de apartarte el flequillo de la cara mientras sonreías.
Recuerdo todo lo que me decías.
Las conversaciones que empezaban cuando nos despertábamos y terminaban de madrugada.
Las tardes de viernes en aquel parque que hacían que las semanas se me pasaran más lentas de lo normal.
Los abrazos de los lunes por la tarde.
Las cartas.
Las miradas que cruzábamos en el pasillo.
Recuerdo tu manera de reír cuando me cogiste la mano y dijiste 'Corre'.
Los suspiros tumbada en la cama con el móvil en el pecho mientras esperaba a que contestaras.
Las veces que me dormí hablando contigo.

También las discusiones, cuando acababan en te quieros y cuando no.
Las ralladas, los reproches. Las promesas sin cumplir.
Las tardes que me pasé llorando porque tenías a otra.
Las veces que me dije que iba a olvidarte porque solo me utilizabas.
Cuando eras un capullo.
Que me hacías enfadar y cuando me necesitabas sabías exactamente cómo hacer que te perdonase.
Aquel abrazo entre lágrimas que nos dimos.
Las dudas, los complejos, las heridas, el dolor.

La sudadera gris con 'Pull&Bear' en azul.

Recuerdo que fuiste el primero en provocar que me temblaran las piernas y el labio inferior.
Fuiste el primero al que quise así.
Que por ti me perdí y ahora me arrepiento.
Tú me rompiste por primera vez y todavía no he juntado todos mis pedazos.
Que tardé en olvidarte pero hoy te digo que ya no dueles.
Que puedo escuchar nuestra canción y ya no se me oscurece la mirada.
Que te miro y ya no siento nada.
Y las mariposas que me hacías tener en el estómago hoy revolotean por otro.
Te di muchas oportunidades y al final me perdiste.

Eras aquella herida que no dejaba de abrirse.
Pero al final, cicatrizaste.

sábado, 23 de agosto de 2014

Voices.

¿Desde cuándo te tragas el orgullo tan fácilmente? ¿Qué te pasa? Antes no eras así. Antes te hacías la dura. ¿Tienes miedo a perderlo? Pobrecilla, ya es hora de que alguien te devuelva al mundo real. Se irá de todas formas. Todos lo hacen, y tú más que nadie deberías saberlo. Mírate. ¿Había alguien cuando empezaste en esto? ¿En cada noche en vela? ¿En cada llanto o en cada cicatriz? ¿En cada tarde cuando te quedabas sola en casa? ¿Cuando pensabas en cometer locuras? ¿Cuando gritabas en silencio? ¿Cuando te jodiste los nudillos? Dime, ¿Había alguien? ¿Estaba contigo ese a quien no quieres perder? No, ¿verdad? Estabas sola. Sola con el silencio y la oscuridad. Estabas sola cuando creías que los tenías a tu lado. Estás sola ahora, y no los necesitas.
Te arreglaron, pero no estaban allí el día que te rompiste.

viernes, 22 de agosto de 2014

'nací para robar rosas de las avenidas de la muerte.'

Fue una tarde de verano
como todas
y también
como ninguna
porque aquella tarde
algo cambió
definitivamente
en ella.
Y a nadie le importó
ni siquiera
a ella
porque a veces el cambio
es más necesario que la rutina.

La rutina te mata
te quema el alma y te
deshace
por dentro
igual que el tabaco
o el alcohol
y ella quería destruirse
así que bebió
y fumó
y continuó con su rutina
y por eso fue
una tarde de verano
como todas las demás.

Nunca pensé que un alma
pudiese romperse 
de la manera en que la suya lo hizo.
Nadie sabía qué pasaba
pero yo lo vi,
lo vi
en la forma en que la luz
se apagó en sus ojos
y la melancolía
la mató
por última vez
y se volvió completamente
gris.

Ese día se convirtió
en un ser de hielo
que quemaba
con solo una mirada
y su voz
se volvió ronca
de tanto llorar
y sus muñecas
rojas
de tanto sangrar
y le dolieron las costillas
al golpearse contra el suelo
porque no podía sostenerse en pie.

Y la miraron
las colillas en el cenicero
el vómito
en el baño
las botellas de whisky
estrelladas contra la pared
las cuchillas
tiradas en el suelo
y la comida
que nunca se comió
y respiraron al fin
porque al fin
había dejado de respirar.

martes, 19 de agosto de 2014

Ignorancia.

Estoy harta. Cansada de esta historia que se repite tan solo cambiando los protagonistas.
'Pasa de él' me dicen. Y se quedan tan contentos.
Lo que no saben es que ya llevo su nombre grabado a fuego. Que el recuerdo de sus ojos castaños y su pelo negro me persigue por las noches. No saben que sigo mordiéndome el labio inferior y pasándome la mano por el pelo con nerviosismo cuando lo veo. Que me tiemblan las piernas con solo oír su voz. No tienen ni idea de que desde que volvió a entrar en mi vida apenas duermo ni de que cada vez que cierro los ojos aparece él. No saben que he vuelto a los viejos vicios y que una vez más el vacío ha empezado a consumirme. No saben que he rescatado recuerdos que creía enterrados para siempre ni que he abierto viejas heridas que pensaba que estaban ya cerradas. Que las ganas de llorar se han alojado en el fondo de mi garganta y van a quedrse ahí mucho tiempo.
Y no saben lo que duele, joder.

Aima.

Y, cuando escuchó el sonido de la puerta al cerrarse, se quitó los calcetines con la calma de quien lleva tiempo esperando la muerte. Se los quitó un momento antes de dejar de existir, de estallar como fuegos artificiales, romper a llorar y quebrarse por dentro. ¿Cómo vivir si llevas tanto tiempo muerta? Necesitaría un cigarrillo pero, al contrario que él, ella cumplía sus promesas.
Solo había una que jamás pudo cumplir.
Un sacapuntas desnudo y el frío del metal en su piel, dulce alivio. Miró su brazo, que empezaba a llenarse de sangre y el recuerdo de cada cicatriz surcó su mente como un flashback. Pero solo uno permaneció. Una imagen que llevaba grabada a fuego. Ojos castaños y pelo negro. Y joder, como dolía. Y quiso gritar porque se veía desnuda, solo cubierta por una capa de dolor que notaba con los nervios a flor de piel. La carne de gallina y un escalofrío recorriéndole la espina dorsal. Quiso levantarse para ver en el espejo su reflejo y las ojeras, pero no lo hizo. No lo soportaba, pues de los cristales salían los demonios en forma de complejos y las lágrimas resbalaban por sus mejillas arrastrando el rímel que por la noche se quitaba para evitar que terminase en su barbilla. Y tenía las ganas de llorar tan atascadas en la garganta y tanto dolor y sentimientos mezclados que pensó que en cualquier momento iba a estallarle el pecho. Y creyó que el mundo se quebraba ante sus ojos verdes pero lo que en realidad se rompía era ella. Y unas uñas mordidas y el labio inferior que temblaba fue todo lo que quedó de ella cuando se consumió por completo entre cenizas y sangre, voces y recuerdos, dolor y lágrimas, fuego y hielo, que en realidad quemaba, y una carta jamás escrita, y una canción que nunca me dedicaste pero que, sin embargo, me recuerda a ti.
Porque hoy, (y siempre), todo me recuerda a ti.

domingo, 17 de agosto de 2014

Mirada gris de niña triste.

Había ilusión en ella. Cualquier cosa, por nada que fuese, la entusiasmaba. Era como una niña pequeña. Pero le hicieron daño, y a cada golpe había algo menos de niña y un poco más de oscuridad. Entonces todo se tiñó de rojo. Rojo sangre. Llegó como un ángel caído de alas rotas para salvarla. Ven, pequeña, acércate a la oscuridad. Y la salvó, y el rojo se tornó negro. Negro como su pelo. Y la dejó caer, la dejó caer en la nada, tan blanca como la nieve y tan vacía como su corazón. Y ese día, algo se rompió definitivamente dentro de ella. Fue el día en que la niña que llevaba dentro desapareció completamente y solo quedó oscuridad. Fue el día que decidió cambiar a peor, por su bien.
Aquel día, sus ojos se apagaron, y no volvieron a brillar.

viernes, 15 de agosto de 2014

Mi droga.

Te vi.
Te vi, y mi corazón se paró por un instante. Luego se aceleró y mis piernas comenzaron a temblar.
Como tantas veces.
Y las ganas de llorar se alojaron en mi pecho y ya nunca más se fueron.
Por tu boca habría dejado el tabaco, y habría sido fácil. Por ti dejaría hasta de respirar. Moriría si me lo pidieras. Y en realidad lo hago. Me mata tu indiferencia. Casi preferiría que me odiaras. Tendría algo a lo que aferrarme, algún sentimiento. Pero no lo tengo, y me pierdo entre la multitud. Me alejo de ti y tu indiferencia.
Y me siento como una yonki sin su dosis.
Síndrome de abstiencia, de ti.

jueves, 14 de agosto de 2014

Desayunando clavos.

Estaba preciosa, tío. Estaba preciosa para ti y tú estabas con otra. Te estaba esperando. Y al doblar cada esquina su corazón daba un vuelco, pensando que quizás tú estarías ahí, con tus vaqueros y tu pelo negro. Pero nunca estabas. Y en cada lugar donde no te veía, la esperanza de que vieras lo bonita que estaba se desvanecía un poco más. Supongo que su corazón se habría resquebrajado un poquito más si no lo tuviese ya completamente roto. Y es que no le dolía que no la quisieras, eso lo entendía. Lo que le dolía era tu estúpida indiferencia combinada con ataques de deseo en el que parecías quererla. Nunca llegaré a entender a los hombres, solía decirse. Lo que no estaba dispuesta a aceptar era que a quien no entendería nunca sería a ti. Tan incomprensible, tan adorable, tan gilipollas.
Y te quería así.
Tan jodidamente tú.

lunes, 11 de agosto de 2014

Bailando ballet sobre vidrios rotos.

Lo quería. Lo quería con toda mi alma. Él quería también, pero a otra chica. A otra chica que le había roto el corazón. Pero él la seguía queriendo. Igual que yo lo seguía queriendo a él, aunque me hubiera roto el corazón. De todas formas yo no tenía derecho a quejarme, pues también había roto el corazón de un chico que me quería. Y seguro que él se lo había roto a otra antes. Es una cadena en la que parece que todo encaja. Pero no es así. La cadena en sí es perfecta, pero tiene un fallo. Y ese fallo, soy yo. ¿Me han roto el corazón? ¿O solo han esparcido un poco más sus pedazos? No estoy segura. Tampoco de quién lo ha hecho. Lo único que sé es que cada día estoy un poco más rota, un poco más vacía y siento un poquito menos. 
¿Sabes? Últimamente me cuesta dormir. Tengo miedo de irme a la cama, porque solo cuando la oscuridad me envuelve y el silencio es total (un silencio triple) pienso en ti. Porque llegaste para echar a mis monstruos y quedarte tú a atormentarme. Todas las pesadillas que no he tenido en los últimos seis años han vuelto estas dos semanas con forma de ti. Pienso que es un sueño agradable pero de repente te alejas. Te alejas más y más de mí y no puedo alcanzarte por mucho que estire el brazo. Y siento que te pierdo aunque nunca me hayas pertenecido. Y ojalá eso fuera solamente parte del sueño, pero no es así, y me despierto cada pocas horas cubierta de sudor, con el corazón desbocado y esa sensación de vacío en el estómago que solamente llena tu presencia. Y grito. Grito por dentro y tengo la impresión de que mis tímpanos van a romperse de un momento a otro, a pesar de que no emito ningún tipo de sonido. Y cuando me calmo, el silencio vuelve a envolverme en sus cálidos brazos hasta que me duerma y el ciclo vuelva a comenzar. Creía que te había olvidado, que empezaba a gustarme otro. Pero justo cuando empezaba a estar bien, hace dos semanas apareciste y pusiste mi mundo al revés de nuevo, para luego perderte entre la multitud. Siempre que te he visto desde aquel día estabas con alguna chica. No es que no puedas, no soy estúpida y sé que no somos nada, y que nunca lo seremos. Solo que me gusta imaginarme que piensas en mí. Me bastaría con que lo hicieras una vez de cada 100 que yo pienso en ti. Y por un momento creo de verdad que lo haces. Y soy feliz, vaya. Pero después me doy cuenta de que eso es imposible, de que tú nunca vas a quererme como yo a ti. Y nunca nadie va a quererte como yo lo hago. Y quiero que sepas que, si alguna vez llegas a quererme la mitad de lo que yo te quiero a ti, recuerdes que estoy aquí. Que recuerdes que te quiero, y que solo tus palabras tienen ese efecto en mí. Que tu presencia llena mi vacío. Que la sola mención de tu nombre me hace temblar. Y que recuerdes que sabes la manera exacta de acercarte por detrás, agarrarme por la cadera y pegar tu mejilla a mi sien que hace que me vuelva loca y me pierda en tu calor y tu aroma.
Y entonces pienso que debería dejar de fantasear. Que un día haces eso y me quemas, pero al día siguiente eres tan frío que me rompes en pedacitos. Que ya es imposible deshacer lo que se creó cuando te vi, igual que borrar de mi memoria la noche en que nos conocimos. Eres como una estúpida canción de hielo y fuego. Y te echo la culpa por ser tan inestable. Y entonces necesito un cigarrillo. Y unas gotas de sangre. Y me echo la culpa por ser tan jodidamente inestable.

miércoles, 30 de julio de 2014

Destrucción a mi espalda.

Otra vez la he cagado. Tanto tiempo sin vernos y no he podido decirte lo que te echaba de menos. En cambio lo he jodido todo. Se acabó. No quedará ni la amistad. Sin embargo tus recuerdos son mi inquisición. Me persiguen y me torturan cuando mi único pecado ha sido quererte. Y todavía lo es, porque aún te quiero. Solo quiero correr y correr para hiur de tu indiferencia que quiere matarme. Estoy cansada de que me trates como si no te importara y de repente parezco el centro de tu mundo, solo durante unos minutos. No lo entiendo. Y yo mientras sigo sintiendo esta estúpida presión en el pecho que no me deja respirar. Sigo sintiendo esas mariposas e el estómago, o como quieras llamarles, cada vez que pienso en ti. Sigo sin poder dormir cuando te recuerdo. Mis manos y mis piernas siguen temblando cuando te veo. Y las lágrimas todavía resbalan por mis mejillas cuando te imagino con otras. Pero supongo que es inevitable. Yo no soy nadie. Y tú, tú eres todo. Al menos para mí. Y yo no puedo dejar de cagarla y con cada error siento que te alejas un poquito más de mí, y mi corazón ss hiela un poquito más. Quería escribir un texto largo, pero estoy cansada. Cansada de esta explosión de sentimientos. Y rota. Sobre todo, rota.

domingo, 27 de julio de 2014

Lágrimas de ceniza en la cornisa.

Me invade la melancolía y todavía no es octubre. Todavía no han llegado las tardes de lluvia, y el paisaje no se ha teñido de amarillos y rojizos. Será que tengo demasiado tiempo para pensar. Me meteré en el mar para ahogar el recuerdo de tu risa. Yo la provocaba y ahora no puedo arrancarte ni una palabra sin que la nombres. Estás atrapado en tu delirio monotemático y me arrastras con la fuerza de un huracán para que caiga al vacío contigo. Aunque supongo que si la quieres a ella es por algo, así que simplemente aceptemos los excéntricos designios del destino que, aunque crueles, tendrán razón de ser, y condenémonos a estar separados para siempre. Aunque, pensándolo bien, solo será una condena para mí. Tú seguirás con tu vida, ajeno a la tormenta de emociones que se ha desatado en mi interior desde que apareciste y que se irá contigo. Estaba hueca por dentro y llegaste tú, y me llenabas, pero sé que cuando te marches el vacío volverá, más fuerte que nunca para machacarme el alma. ¿Qué es el alma? Me siento vacía pero, si todavía la conservo, se la vendería al diablo solo por un día contigo. Son solo palabras, pero me siento como un poeta escribiendo versos con su propia sangre. Salen de mi mente y tengo que controlarme para que todo este dolor no brote de mi garganta. Gritaría. Gritaría todo esto que estoy escribiendo y no soy capaz de decirte. Así solo me libero parcialmente. Pero no puedo ser libre. No puedo decírtelo, necesito conservarlo en secreto y olvidarte. Porque sé que si no lo hago y te lo digo, no te irás con ella. Sé que tú eres ella, y yo soy tú. Tú quieres que ella sea feliz, y yo solo podré serlo si lo eres tú, así que tengo que haceros felices. A los dos. Y tú tienes que estar con ella para ser feliz, pero sé que ella volverá a hacerte daño. Y tampoco quiero eso. Es tan contradictorio que no sé si animarte a que lo intentes o pedirte que la olvides. Vaya, no me pidas consejos. ¿Qué podría decirte yo, que no sé ni qué hacer con mi propia vida? ¿Qué podría decirte una chiquilla que llora por las noches pensando en que nunca la verás como algo más que una amiga? Tendré que resignarme, aunque sufra. No importa. De todos modos, no tengo opción. Buenas noches.

martes, 22 de julio de 2014

Pequeña carta de amor/odio.

Te odio. Vaya, sí, te odio. No lo sé. ¿Te odio? ¿Te quiero? No lo sé. Tal vez sí y tal vez no. Tal vez me haces la vida imposible. Tal vez soy una exagerada. Tal vez un poco de las dos, tal vez ninguna. Tal vez solo estoy enloqueciendo. O tal vez ya estoy loca. No lo sé. Llevamos así desde que puedo recordar. No lo sé. ¿No te cansas? Vaya, yo sí. De verdad que me canso. Pero tú siempre empiezas y mi imperturbable postura de "me caes mal" no va a mantenerse sola. De verdad. Para. ¿No ves que me haces daño? Para. Vas a destruirme. ¿Se puede destruir lo roto? Acabo de ver el anuncio de V de Vendetta. He dejado de escribir y he prestado atención al televisor por primera vez esta noche. "El pueblo no debería temer a sus gobernantes, los gobernantes deberían temer al pueblo." Lo he oído y he pensado en ti. Tú eres mi gobernante. ¡Yo no debería obedecerte! ¡Solo por ser quién eres no tienes derecho a mandarme! ¡Acepta que también yo soy una persona, joder! Déjame vivir. Pero estoy sola. Callada. ¿Sometida? Oh, exagerada. Me diste alas y ahora me las quitas, joder. He vuelto a caer, ¿sabes? Me calmo con menos pero lo necesito. Mi letra es casi ilegible. Era impecable al principio. Siempre me pasa al escribir a mano. Se vuelve todo irregular a medida que los sentimientos afloran.
Todavía tengo que pasar esto al ordenador.
Y ya van a volver.
Y debería parar.
Adiós.

lunes, 21 de julio de 2014

Denner.

La mayor tortura a la que puede ser sometido un hombre, es tener una adicción que sabe que lo matará, y pese a ser consciente del peligro, no poder dejarlo. Es destructivo. Te hace odiarlo todo. No hablo de un adolescente que se cree adicto al tabaco. Hablo de cosas que harían enloquecer a una persona hasta el punto de arrancarse una a una las uñas con sus propias manos con tal de conseguir algo de lo que necesita. Tal vez no sea necesario llegar a esos extremos para pasarlo realmente mal, pero pretendo ser contundente para que se me entienda. Hablo de drogas duras o enfermedades. Anorexia, bulimia. Autolesiones. El tipo de cosas en las que no deberías meterte porque te dicen que es muy difícil salir. Pero tú dices, bah, al cuerno con esos cabrones. Y por moda o por llamar la atención, todo el mundo empieza. Luego poco a poco va convirtiéndose en necesidad, y cuando quieres dejarlo y no puedes, es ahí. Es ahí cuando te das cuenta de que tal vez esos hijos de puta tenían razón y una vez que se entra, ya no se sale.

viernes, 18 de julio de 2014

Madness.

Es la una de la mañana. El sonido de la lluvia repiqueteando en mi ventana me acuna. También la oigo en el tejado. Llámalo ventajas de vivir en un ático. No puedo dormir. Tengo miedo, y no solamente de la tormenta. Tengo miedo de tantas cosas que no podría ponerlas todas. No porque sean muchas, sino porque soy así. Soy de querer decir mucho y acabar diciendo poco. Tengo demasiadas cosas en la cabeza, así que solo me queda tratar de ponerlas todas en orden, poco a poco. Supongo que uno de los propósitos del blog es ese. No lo sé. Tampoco es que me importe mucho, vaya. Oigo pasar un coche. No suelen pasar por estos caminos, y menos a estas horas. Me preguto adónde irá. Mi mente siempre hace eso. Se distrae con cualquier cosa y acabo pensando en algo completamente diferente al principio. Supongo que es algo así como un mecanismo de defensa, porque de lo contrario acabaría dándole demasiadas vueltas a todo lo que me preocupa, que no es poco, y me volvería loca (más, quiero decir). Pero así es Galicia. Aquí parece que hasta el tiempo está loco. ¡Lluvia en julio! A quién se le cuente...

¡Alerta roja, te estás enamorando!

Odiada yo:

Dios mío, ¿Qué ocurre? ¡Es tu mejor amigo! ¡No puedes permitirte esta clase de sentimientos hacia él! Es adorable, lo sé, pero no deja de ser tu amigo. ¿Es que quieres joderlo todo? Ya viste qué pasó la última vez. Ahora no os habláis. ¿Quieres que pase eso de nuevo? ¿En serio? ¡No seas estúpida! Sabes que siempre te sale todo mal, esta vez no va a ser diferente, ¿No lo ves? ¡Destiérralo! ¡Sácalo! Sabes lo que pasa si vuelves a caer. Sabes que la necesidad siempre vuelve. Lo sabes. Y sabes que si vuelves a caer ya no podrás salir. Vamos. Ya tienes un pie en el ataúd, no metas el otro en la tumba. ¡NO PUEDES CON ESTO, YA LO HAS DICHO CIENTOS DE VECES! Sabes que no puedes. Que nunca termina. Que no te recuperas y que las cicatrices no desaparecen. Déjalo, por favor. De verdad, esta guerra no la puedes ganar. Y lo sé, lo sé, sé que siempre estás muy cerca de conseguirlo y después se van. A mí me lo vas a contar. Pero la vida es así, ya sabes que todo lo que quieres se convierte en lo que has perdido, pero yo no puedo hacer nada. Solo decirte que, por favor, no te enamores. 
No de él.

Atte: Tú misma.

martes, 15 de julio de 2014

Vicios y vacíos.

¿Alguna vez habéis tenido un alma gemela?
Entonces sabréis lo que se siente. Es una sensación genial. Te llena de una manera diferente, como si toda tu vida hubieses sido algo incompleto. Es la pieza que completa el rompecabezas. Sientes que nunca va a haber alguien igual y que a esa persona la vas a tener siempre, que es para toda la vida. Y de repente, zas.
Cambia.
O cambias tú.
Y se va.
Y vuelves a estar dolorosamente incompleto. Como vacío. Te falta algo y sientes que nada tiene sentido. Entras en un estado de tristeza permanente. Un agujero del que no puedes salir sin esa persona. Es una sensación que no consigo describir bien con palabras pero, si sabéis a lo que me refiero, lo siento.
Mi alma gemela es mi mejor amiga, y la he perdido.
¿Y la vuestra, quién es?

Arte.

'El arte es un arma cargada de futuro.'
¿Qué futuro? Eso nos lo han quitado. Hoy en día no hay futuro para la medicina, la química, el derecho, la ingeniería... Mucho menos para el arte. El único ''arte'' que tiene futuro es el comercial. Las películas perfectas y vacías que protagonizan actores y actrices de cara bonita y sonrisa radiante que cobran millones por transmitir nada. No puedes llamarlo arte. Es asqueroso. El arte debe hacerse por vocación, con el corazón, solamente porque quieres y no por fama o dinero. El arte es vida. El arte es expresarse. El arte es revolución. Es felicidad. Es alivio. Es un refugio, un hogar. El arte mueve montañas, impulsa ideales.
El arte cambia el mundo.

''Pues sí, me encantaría cambiar este puto mundo. Y creo que todavía se puede.''

''Lo hacemos porque estamos indignados, estamos cansados, hastiados, desesperados, porque estamos viendo que el teatro, y el arte en general, últimamente ¡aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaapestan! ¿Saben? ¡Sí!, apestan a negocio, apestan a despachos, apestan a funcionarios, apestan a comercio, apestan a publicidad, apestan a rutina, a comodidad, a relajamiento, a aburrimiento, a burocracia, apestan a todo menos a teatro.

A todo menos a arte ¡Arte!. Ya no existe el arte. Existe el negocio del arte. O el mercado del arte, o el negocio de las subvenciones del arte. Esto se ha convertido en una cuenta bancaria, en una matemática del arte.

Pero nosotros, nosotros no estamos en este mercado hediondo señores, nosotros somos libres, y regalamos nuestro preciado y distinguido arte, y ¿Por qué?...Porque sí. ¡Sí!, nos hemos vuelto locos, ¡estamos locos de remate!, ¡Como una regadera! Somos unos insensatos, unos auténticos dementes. Unos piraos, unos soñadores, unos lunáticos, unos majaretas redomados.
Sí, porque creemos en un arte libre, hecho con el corazón. Creemos en un arte hecho con la sangre, hecho con el sufrimiento, con la rabia. Un arte lúdico, pero a la vez profundo. Creemos en un arte que sea capaz de cambiar los corazones de la gente, que los alegre, que les dé fuerza, que les haga sentirse vivos. Un arte que llegue directamente al espíritu de los hombres, y también al espíritu de las mujeres.''

El arte es un arma cargada de futuro.

Alfredo.

martes, 1 de julio de 2014

Alone.

¿Por qué no puedo ser feliz?
Haga lo que haga, parece que siempre tomo la decisión equivocada. Estoy cansada de equivocarme siempre. De pillarme por quien no debo. De ilusionarme tan fácilmente. Oh, soy estúpida, no sé por qué lo hago, si total todo me sale siempre bien (del revés). No sé si os habéis fijado en que suelo citar canciones en mis textos. Es otra manía, como la de llorar a solas o colocarme el pelo cuando me pongo nerviosa. No puedo evitarlo. Es mi forma de ser, mi forma de expresar mis sentimientos. Me cuesta hacerlo cuando hablo. Sin embargo, toda esta rabia que hoy siento se descarga sola cuando me pongo frente al papel (o al portátil, como ahora mismo). El caso es que solo puedo expresarme y sacar todo afuera cuando escribo, o lloro, o no sé. Bueno, sí, sí lo sé. Tampoco tengo ni idea de por qué solo escribo o lloro cuando estoy sola. Supongo que es mi forma de doler, de sangrar. Son mis maneras de liberarme. O al menos, son las más sanas. ¿Parezco feliz? Oh, vaya, no. No lo soy. Me esfuerzo por esconderlo, pero supongo que cualquiera que me mire a los ojos lo sabría. Vería la tristeza en mi mirada. Pero, ¿quién iba a mirarme a los ojos? A nadie le importa. Todos tienen cosas más importantes que hacer que preocuparse por eso, y les comprendo. Yo haría lo mismo, no los culpo. Qué más da. Tampoco es que me abra mucho. Siempre digo que estoy bien. Bien, bien, bien. Siempre lo mismo. Me sale solo. No te fíes si sonrío todo el rato. Dicen que las personas rotas son las más sonrientes. No sé si es cierto, pero yo me río bastante. No sé, creo que no pido tanto. Solo quiero a alguien que haga que deje de sentirme sola. ¿Es tanto pedir? ¿Es tanto pedir ser feliz de una vez? Parece que sí.

martes, 24 de junio de 2014

Ars longa, vita brevis.

La música está alta y la gente se lo pasa bien, bailando y hablando con otra gente. Desde el escalón oigo como se divierten mientras estoy aquí, bebiendo whisky, con un cigarrillo en la mano para ahogar la soledad.
Tengo medio gramo y un par de cuchillas que me servirán para drogarme o cortarme- Es decir, para aliviar este dolor. La oscuridad es cada vez más grande y no puedo salir sin resultar herida, así que me quedo dentro y no me resisto. La desesperación aumenta y el hueco de mi pecho está cada vez más vacío. Las voces gritan tanto que ahogan la música hasta volverla un murmullo. No sé qué me pasa, debería estar divirtiéndome. O quizás no. Quizás debería estar en mi casa lamentándome por ser una mierda. Eso dicen ellos. Ellos tienen razón. No soy lo suficientemente buena para estar aquí. La fiesta se ha acabado para mí, la oscuridad ha vuelto y me envuelve hasta que desaparezco por completo. Y ya solo soy cenizas, un olor a rosas en el aire y el sabor a sangre en el fondo de la garganta. Pulvis et umbra sumus.

jueves, 12 de junio de 2014

''Monsters are real, and ghosts are real too. They live inside us, and sometimes, they win.'' -Stephen King.

un pentagrama en la mesa
dos cerillas
y tres velas
para el diablo.

cuatro gotas de sangre
cinco cuchillas de afeitar
y seis cortes
que serán más.

siete sueños rotos
ocho decepciones
y nueve lágrimas
que queman como el ácido.

diez maneras de suicidarse
once segundos para pensarlo
y doce minutos para morirse
por fuera también.

trece demonios en mi cabeza
que me empujan al vacío
y parece que nunca
podré salir de él.


sábado, 7 de junio de 2014

Monsters.

La música está alta
pero no
lo suficiente.
Los monstruos odian
y los oigo
odiar en voz alta.
Es algo que leí una vez
y comprendí que
aquella chica
tenía razón
aunque no importa porque
probablemente
esté muerta ahora
o simplemente
demasiado ocupada
como para leer esto.
A veces hablan
tan alto que yo
tengo ganas de
gritar también,
y gritarles
que se callen
porque a ellos también
les han odiado alguna vez.
Pero no lo hacen y no tengo
más remedio
que poner la música más alta
y escribir esta mierda
que al fin y al cabo
son solo gilipolleces
de una zorra loca
pero funciona
y respetan
cuando escribo
porque los monstruos
aman el arte
y de alguna manera
esto es arte.
Así que me dan un pequeño respiro
antes de irme a la cama
y llorar
hasta quedarme dormida
o hasta que salga el sol
dependiendo
de lo que ocurra antes.

sábado, 31 de mayo de 2014

The loneliest girl in the world.

Es de noche otra vez
y el papel
está mojado
de nuevo
y la lluvia
cae fuera
y dentro
de mi habitación.
Y el que dijo que iba a estar
está, es cierto
pero no conmigo,
está con otra
mejor
y aunque duele
lo comprendo
porque yo no soy
nada
y sé que
nadie se enamora de una chica
con cicatrices
en las muñecas.

viernes, 30 de mayo de 2014

Caresse sur l'océan.

Ella tenía un amor
que lo era todo
y la besaba
hasta que se dormía
y le compraba ropa
y luego se la quitaba.
Y se veían
una vez al mes
y por eso él
la abandonó
y le quedó
su mejor amigo.

Ella tenía un mejor amigo
que lo era casi todo
y la abrazaba
hasta que se dormía
y le compraba ropa
y ella se la quitaba sola.
Y se veían
todos los fines de semana
pero aún así él
la abandonó
y le quedaron
sus padres.

Ella tenía unos padres
que eran la mitad de su todo
y la arropaban
hasta que se dormía
y no le compraban ropa
porque no tenían dinero.
Y se veían
todos los días
y por eso ella
los abandonó
y le quedó
el dolor.

Ella tenía un dolor
que no era nada
y una botella
de whisky
que estaba vacía
y sabía a lágrimas
y un cenicero lleno
de cigarrillos
consumidos
por ella
y ella
consumida
por el dolor
y unas putas cuchillas
que la cortaban
hasta que se dormía
las pocas veces que
conseguía hacerlo
y le manchaban la ropa
de sangre
y ella ni siquiera se la quitaba
y se veían
todas las noches
y por eso ella
las utilizó
y le quedó
una cama
que era de madera
y dormía bajo tierra.

jueves, 29 de mayo de 2014

Chimie.

Teníamos química,
todos lo dijeron desde el primer día.
Había algo entre nosotro
que era imposible de explicar
con palabras
y se explicaba
con gestos
y miradas
y las lágrimas que vinieron luego.
Y yo era la chica del puto
26
y llegaste tú
hecho de 33.
y 33 eran las espinas
que se me quedadon clavadas
cuando me envenenaste.
Y me derretías y hacías
que me mordiera
los labios
hasta que sangraran
y que me temblaran las piernas
hasta que te marcharas
y que llorara hasta
quedarme dormida
y que sonriera
hasta no poder más
y derrumbarme
y que te amara
hasta que doliera
y que te echara de menos
hasta que volvieras
pero tú nunca
volviste.


Y morí, de soledad.

Lilium.

Recuerdo el día que te fuiste
con claridad.
Recuerdo impregnado en mi piel
tu perfume
y el sabor
de mis lágrimas.
Recuerdo que borré tus huellas
y los papeles se llenaron
de sangre.
Y el sol no salió ese día
ni el siguiente
ni el siguiente
ni ha vuelto a salir
desde el día que te fuiste.
Recuerdo que siempre llueve
en mis ojos
desde el día que te fuiste
y yo
no pude olvidarlo
ni olvidarte
a ti.

miércoles, 21 de mayo de 2014

Bukowski.

the flesh covers the bone 
and they put a mind 
in there and 
sometimes a soul, 
and the women break 
vases against the walls 
and the men drink too 
much 
and nobody finds the 
one 
but keep 
looking 
crawling in and out 
of beds. 
flesh covers 
the bone and the 
flesh searches 
for more than 
flesh. 

there's no chance 
at all: 
we are all trapped 
by a singular 
fate. 

nobody ever finds 
the one. 

the city dumps fill 
the junkyards fill 
the madhouses fill 
the hospitals fill 
the graveyards fill 

nothing else 
fills.