Musica

lunes, 11 de agosto de 2014

Bailando ballet sobre vidrios rotos.

Lo quería. Lo quería con toda mi alma. Él quería también, pero a otra chica. A otra chica que le había roto el corazón. Pero él la seguía queriendo. Igual que yo lo seguía queriendo a él, aunque me hubiera roto el corazón. De todas formas yo no tenía derecho a quejarme, pues también había roto el corazón de un chico que me quería. Y seguro que él se lo había roto a otra antes. Es una cadena en la que parece que todo encaja. Pero no es así. La cadena en sí es perfecta, pero tiene un fallo. Y ese fallo, soy yo. ¿Me han roto el corazón? ¿O solo han esparcido un poco más sus pedazos? No estoy segura. Tampoco de quién lo ha hecho. Lo único que sé es que cada día estoy un poco más rota, un poco más vacía y siento un poquito menos. 
¿Sabes? Últimamente me cuesta dormir. Tengo miedo de irme a la cama, porque solo cuando la oscuridad me envuelve y el silencio es total (un silencio triple) pienso en ti. Porque llegaste para echar a mis monstruos y quedarte tú a atormentarme. Todas las pesadillas que no he tenido en los últimos seis años han vuelto estas dos semanas con forma de ti. Pienso que es un sueño agradable pero de repente te alejas. Te alejas más y más de mí y no puedo alcanzarte por mucho que estire el brazo. Y siento que te pierdo aunque nunca me hayas pertenecido. Y ojalá eso fuera solamente parte del sueño, pero no es así, y me despierto cada pocas horas cubierta de sudor, con el corazón desbocado y esa sensación de vacío en el estómago que solamente llena tu presencia. Y grito. Grito por dentro y tengo la impresión de que mis tímpanos van a romperse de un momento a otro, a pesar de que no emito ningún tipo de sonido. Y cuando me calmo, el silencio vuelve a envolverme en sus cálidos brazos hasta que me duerma y el ciclo vuelva a comenzar. Creía que te había olvidado, que empezaba a gustarme otro. Pero justo cuando empezaba a estar bien, hace dos semanas apareciste y pusiste mi mundo al revés de nuevo, para luego perderte entre la multitud. Siempre que te he visto desde aquel día estabas con alguna chica. No es que no puedas, no soy estúpida y sé que no somos nada, y que nunca lo seremos. Solo que me gusta imaginarme que piensas en mí. Me bastaría con que lo hicieras una vez de cada 100 que yo pienso en ti. Y por un momento creo de verdad que lo haces. Y soy feliz, vaya. Pero después me doy cuenta de que eso es imposible, de que tú nunca vas a quererme como yo a ti. Y nunca nadie va a quererte como yo lo hago. Y quiero que sepas que, si alguna vez llegas a quererme la mitad de lo que yo te quiero a ti, recuerdes que estoy aquí. Que recuerdes que te quiero, y que solo tus palabras tienen ese efecto en mí. Que tu presencia llena mi vacío. Que la sola mención de tu nombre me hace temblar. Y que recuerdes que sabes la manera exacta de acercarte por detrás, agarrarme por la cadera y pegar tu mejilla a mi sien que hace que me vuelva loca y me pierda en tu calor y tu aroma.
Y entonces pienso que debería dejar de fantasear. Que un día haces eso y me quemas, pero al día siguiente eres tan frío que me rompes en pedacitos. Que ya es imposible deshacer lo que se creó cuando te vi, igual que borrar de mi memoria la noche en que nos conocimos. Eres como una estúpida canción de hielo y fuego. Y te echo la culpa por ser tan inestable. Y entonces necesito un cigarrillo. Y unas gotas de sangre. Y me echo la culpa por ser tan jodidamente inestable.

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