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jueves, 5 de febrero de 2015

Liberté, égalité, fraternité!

Pálida.
Vagaba por los rincones
de esta casa vacía
que todos querían demoler.
Era como un alma en pena
sin nación
pero con patria y bandera
destrozadas por el fantasma del pasado.
Un pasado que trataban de ocultar
con todas sus fuerzas
esos herederos de la amargura
anclados en el dolor
que mentían
y golpeaban con cada palabra
los cimientos de esta casa
que ya ni siquiera crujía.
Un silencio demoledor desde fuera
pero dentro
el incesante murmullo
de las voces que no pueden ser calladas
la acunaba mientras intentaba dormir
y no podía,
pero era bueno
porque tenía que estar alerta.
Era pálida pero
cuando sus ojos reflejaban la rabia
del rencor a la injusticia
se le encendían las mejillas
Y se tornaban, en lugar de rojas
blanquiazules
porque aquel era el color de su alma
y era lo único
que amaba de ella.
Y alzaba los puños
con las manos atadas
y gritaba
sin voz.
Porque cuando se llevaron su libertad
le arrancaron, también
el miedo
que ellos habían implantado.
Y su error fue pensar
que todo el mundo era como ellos
y que no quedaba gente buena
porque los habían matado a todos.
Pero los ideales,
que son a prueba de fusil,
sobrevivieron
y la rabia
tantos años contenida
surgirá
abgolpe de gente pálida que
como ella
lo ha perdido todo
y gracias a ellos
no les queda nada que perder
y esa será su perdición.
El general murió
y el pueblo se levanta.

¡Libertad!

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