Estaba triste
porque ella era como
una vela
entre linternas
y su luz, a veces
se apagaba
y se fundían
las miradas.
Ella era
oscuridad
entre tanta luz
como un agujero negro
en medio del Universo.
Y él
era el Sol
de su Sistema Solar
y la atraía
irremediablemente
y nunca se tocaban.
Y el día en que
el Sol y la Tierra
se tocaron por fin
se apagó su luz y
asustada
ella retrocedió
porque le gustaba de fuego
aunque quemara.
Ese fue el día en que
un poco borracha
le dijo que le quería
y lo miró a los ojos
y supo, al fin
la respuesta
y se fue
a algún lugar donde
él no la alcanzase,
tal vez en busca
de otro astro
al que sí pudiera tocar.
Pero se puso triste
porque nadie
escribía poesía
y ella no dijo nada
mientras forjaba en su mente estos versos
porque no se consideraba
poeta
porque escribía
su alma
y no poemas.
Ese fue el día
que decidió volver
porque prefería
no tocarlo
y arder
a pasar frío con
cualquier estrella polar
que, al fin y al cabo,
acabaría convirtiéndose en
lo que todo es;
un agujero negro y
nada.
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