Musica

viernes, 6 de febrero de 2015

Caminante.

No hay camino, sin ti. No hay camino que cure estas llagas que de tanto tropezar contigo me han salido y van quemando a cada paso. Tan solo quiéreme, y pondré mi vida patas arriba para que recorras las tierras desiertas de mi cuerpo y mis pies sean tu cielo. No intentes entenderme. Yo tampoco puedo hacerlo. Y dudo, dudo tanto... Lo único que tengo claro es que debería aceptar que esto no es un cuento de hadas, que no estamos hechos el uno para el otro y que todas esas mierdas no son más que bobadas para engañar a niñas ingenuas, que se pasarán la vida buscando a su media naranja sin saber que nunca existirá. Porque el amor no existe, y ahora doy fe a la frase de aquel libro. Amar es destruir, y ser amado es ser destruido. Pero yo, aunque te amé, nunca quise destruirte. ¿Pero quién dice que tenía que ser a ti? Tanto, tanto te quise, que me destrocé a mí misma tratando de no hacerte daño. Es la hora de dejar de ir por ti hasta el fin del mundo, de olvidar que el fin de mi mundo es la curva de tus labios. Es la hora de olvidarte de una vez por todas.
Pero esta noche tampoco dormiré.

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