Musica

jueves, 28 de agosto de 2014

Los corazones de piedra también se rompen.

Sentimientos, dolor y odio.
Las uñas mordidas y los ojos tristes.
Los sollozos en el silencio de una mirada perdida.
Lloran las calles entre las que enloquecimos
y el velo en la mirada
de los muertos con los que bailamos
aquella noche en el cementerio
entre cigarrillos y botellas de whisky
se ha vuelto todavía más rojo
como aquel pintalabios que te encantaba que me pusiera.
Me quieren con ellos, los muertos
ahora que te has ido
y ya nada me retiene aquí.
Este mundo es para los vivos
y yo morí ahogada hace tiempo
en el triángulo de tus lunares.
Parece que los corazones de piedra también se rompen
si los dejas caer al vacío con suficiente fuerza.
No podéis saber lo que se siente
si nunca habéis sido de piedra
y os han roto como el cristal.
No podéis saber lo que se siente
si el mundo no se ha roto nunca ante vuestros ojos
y sus pedazos se os han clavado como una lluvia de puñales.
No podéis saber lo que se siente
si nunca habéis sentido que nada os consuela
y ni siquiera los gatos correteando por la carretera os hacen sentir mejor.
No podéis saber lo que se siente
si nunca habéis sido fríos
y lastimado a los vuestros
para que ellos no os lastimen
pero al final
todo duele.
Un corazón de piedra que se rompe
deja una sensación extraña
como un escalofrío a 30 grados,
el calor en una noche de diciembre
o el sabor de la sangre en el fondo de la garganta.
Es una tristeza profunda
permanente
y no salen las lágrimas
sino que se congelan en los ojos
y vuelven la mirada gris.
Fría como el hielo.
Y, ¿Sabéis que es lo peor
de un corazón de piedra que se rompe?
Que es muy difícil de arreglar.
Y si lo consigues
siempre, siempre
quedan grietas.
Como cicatrices, recordatorios.
Y esas grietas, son lo que más duele
cuando un corazón de piedra se rompe.

lunes, 25 de agosto de 2014

Eras aquella herida que no dejaba de abrirse.

Recuerdo todo de ti.
Tus lunares. Tu sonrisa. Tu voz. Tus ojos. Tus labios. Tu pelo.
Tu forma de apartarte el flequillo de la cara mientras sonreías.
Recuerdo todo lo que me decías.
Las conversaciones que empezaban cuando nos despertábamos y terminaban de madrugada.
Las tardes de viernes en aquel parque que hacían que las semanas se me pasaran más lentas de lo normal.
Los abrazos de los lunes por la tarde.
Las cartas.
Las miradas que cruzábamos en el pasillo.
Recuerdo tu manera de reír cuando me cogiste la mano y dijiste 'Corre'.
Los suspiros tumbada en la cama con el móvil en el pecho mientras esperaba a que contestaras.
Las veces que me dormí hablando contigo.

También las discusiones, cuando acababan en te quieros y cuando no.
Las ralladas, los reproches. Las promesas sin cumplir.
Las tardes que me pasé llorando porque tenías a otra.
Las veces que me dije que iba a olvidarte porque solo me utilizabas.
Cuando eras un capullo.
Que me hacías enfadar y cuando me necesitabas sabías exactamente cómo hacer que te perdonase.
Aquel abrazo entre lágrimas que nos dimos.
Las dudas, los complejos, las heridas, el dolor.

La sudadera gris con 'Pull&Bear' en azul.

Recuerdo que fuiste el primero en provocar que me temblaran las piernas y el labio inferior.
Fuiste el primero al que quise así.
Que por ti me perdí y ahora me arrepiento.
Tú me rompiste por primera vez y todavía no he juntado todos mis pedazos.
Que tardé en olvidarte pero hoy te digo que ya no dueles.
Que puedo escuchar nuestra canción y ya no se me oscurece la mirada.
Que te miro y ya no siento nada.
Y las mariposas que me hacías tener en el estómago hoy revolotean por otro.
Te di muchas oportunidades y al final me perdiste.

Eras aquella herida que no dejaba de abrirse.
Pero al final, cicatrizaste.

sábado, 23 de agosto de 2014

Voices.

¿Desde cuándo te tragas el orgullo tan fácilmente? ¿Qué te pasa? Antes no eras así. Antes te hacías la dura. ¿Tienes miedo a perderlo? Pobrecilla, ya es hora de que alguien te devuelva al mundo real. Se irá de todas formas. Todos lo hacen, y tú más que nadie deberías saberlo. Mírate. ¿Había alguien cuando empezaste en esto? ¿En cada noche en vela? ¿En cada llanto o en cada cicatriz? ¿En cada tarde cuando te quedabas sola en casa? ¿Cuando pensabas en cometer locuras? ¿Cuando gritabas en silencio? ¿Cuando te jodiste los nudillos? Dime, ¿Había alguien? ¿Estaba contigo ese a quien no quieres perder? No, ¿verdad? Estabas sola. Sola con el silencio y la oscuridad. Estabas sola cuando creías que los tenías a tu lado. Estás sola ahora, y no los necesitas.
Te arreglaron, pero no estaban allí el día que te rompiste.

viernes, 22 de agosto de 2014

'nací para robar rosas de las avenidas de la muerte.'

Fue una tarde de verano
como todas
y también
como ninguna
porque aquella tarde
algo cambió
definitivamente
en ella.
Y a nadie le importó
ni siquiera
a ella
porque a veces el cambio
es más necesario que la rutina.

La rutina te mata
te quema el alma y te
deshace
por dentro
igual que el tabaco
o el alcohol
y ella quería destruirse
así que bebió
y fumó
y continuó con su rutina
y por eso fue
una tarde de verano
como todas las demás.

Nunca pensé que un alma
pudiese romperse 
de la manera en que la suya lo hizo.
Nadie sabía qué pasaba
pero yo lo vi,
lo vi
en la forma en que la luz
se apagó en sus ojos
y la melancolía
la mató
por última vez
y se volvió completamente
gris.

Ese día se convirtió
en un ser de hielo
que quemaba
con solo una mirada
y su voz
se volvió ronca
de tanto llorar
y sus muñecas
rojas
de tanto sangrar
y le dolieron las costillas
al golpearse contra el suelo
porque no podía sostenerse en pie.

Y la miraron
las colillas en el cenicero
el vómito
en el baño
las botellas de whisky
estrelladas contra la pared
las cuchillas
tiradas en el suelo
y la comida
que nunca se comió
y respiraron al fin
porque al fin
había dejado de respirar.

martes, 19 de agosto de 2014

Ignorancia.

Estoy harta. Cansada de esta historia que se repite tan solo cambiando los protagonistas.
'Pasa de él' me dicen. Y se quedan tan contentos.
Lo que no saben es que ya llevo su nombre grabado a fuego. Que el recuerdo de sus ojos castaños y su pelo negro me persigue por las noches. No saben que sigo mordiéndome el labio inferior y pasándome la mano por el pelo con nerviosismo cuando lo veo. Que me tiemblan las piernas con solo oír su voz. No tienen ni idea de que desde que volvió a entrar en mi vida apenas duermo ni de que cada vez que cierro los ojos aparece él. No saben que he vuelto a los viejos vicios y que una vez más el vacío ha empezado a consumirme. No saben que he rescatado recuerdos que creía enterrados para siempre ni que he abierto viejas heridas que pensaba que estaban ya cerradas. Que las ganas de llorar se han alojado en el fondo de mi garganta y van a quedrse ahí mucho tiempo.
Y no saben lo que duele, joder.

Aima.

Y, cuando escuchó el sonido de la puerta al cerrarse, se quitó los calcetines con la calma de quien lleva tiempo esperando la muerte. Se los quitó un momento antes de dejar de existir, de estallar como fuegos artificiales, romper a llorar y quebrarse por dentro. ¿Cómo vivir si llevas tanto tiempo muerta? Necesitaría un cigarrillo pero, al contrario que él, ella cumplía sus promesas.
Solo había una que jamás pudo cumplir.
Un sacapuntas desnudo y el frío del metal en su piel, dulce alivio. Miró su brazo, que empezaba a llenarse de sangre y el recuerdo de cada cicatriz surcó su mente como un flashback. Pero solo uno permaneció. Una imagen que llevaba grabada a fuego. Ojos castaños y pelo negro. Y joder, como dolía. Y quiso gritar porque se veía desnuda, solo cubierta por una capa de dolor que notaba con los nervios a flor de piel. La carne de gallina y un escalofrío recorriéndole la espina dorsal. Quiso levantarse para ver en el espejo su reflejo y las ojeras, pero no lo hizo. No lo soportaba, pues de los cristales salían los demonios en forma de complejos y las lágrimas resbalaban por sus mejillas arrastrando el rímel que por la noche se quitaba para evitar que terminase en su barbilla. Y tenía las ganas de llorar tan atascadas en la garganta y tanto dolor y sentimientos mezclados que pensó que en cualquier momento iba a estallarle el pecho. Y creyó que el mundo se quebraba ante sus ojos verdes pero lo que en realidad se rompía era ella. Y unas uñas mordidas y el labio inferior que temblaba fue todo lo que quedó de ella cuando se consumió por completo entre cenizas y sangre, voces y recuerdos, dolor y lágrimas, fuego y hielo, que en realidad quemaba, y una carta jamás escrita, y una canción que nunca me dedicaste pero que, sin embargo, me recuerda a ti.
Porque hoy, (y siempre), todo me recuerda a ti.

domingo, 17 de agosto de 2014

Mirada gris de niña triste.

Había ilusión en ella. Cualquier cosa, por nada que fuese, la entusiasmaba. Era como una niña pequeña. Pero le hicieron daño, y a cada golpe había algo menos de niña y un poco más de oscuridad. Entonces todo se tiñó de rojo. Rojo sangre. Llegó como un ángel caído de alas rotas para salvarla. Ven, pequeña, acércate a la oscuridad. Y la salvó, y el rojo se tornó negro. Negro como su pelo. Y la dejó caer, la dejó caer en la nada, tan blanca como la nieve y tan vacía como su corazón. Y ese día, algo se rompió definitivamente dentro de ella. Fue el día en que la niña que llevaba dentro desapareció completamente y solo quedó oscuridad. Fue el día que decidió cambiar a peor, por su bien.
Aquel día, sus ojos se apagaron, y no volvieron a brillar.