Fue un día quince. Han pasado quince días, (vale, son dieciséis, pero se entiende) dos semanas, medio mes desde que se derrumbó mi mundo. No me malinterpretéis, todo lo que suelen ser ruinas sigue intacto, pero ese pilar principal, donde empezó todo, no ha podido mantenerse en pie. Y en consecuencia todo empieza a destrozarse lentamente, poco a poco. Aquella columna sostenía todo, empezando por mí, y ahora caigo sin ese apoyo vital. Se me ha ido la vida por el móvil y ahora paso los días en vela, sin apenas salir de casa esperando un mensaje que, en el fondo, sé que jamás va a llegar. Da igual, supongo. Como ya dije una vez, los corazones de piedra también se rompen, y yo debo ser la única persona sobre la faz de la Tierra que ha conseguido resquebrajar uno de diamante. Porque él era así, una columna de diamante. Sólida, resistente y fría, sí. Pero era pura, y cuando le daba la luz... Cuando le daba el sol de frente se creaba el arco iris más bonito que he visto en mi vida. Nunca veré nada igual, de eso estoy segura. No sé si era bonito porque era suyo y simplemente eso hacía que me gustara o si era algo más profundo, quizás me entusiasmaba tanto porque yo era la luz que creaba aquel espectáculo de risas y de color. Tal vez porque era yo quien lo provocaba pude ser la única que consiguió apagarlo. No lo sé, no sé si se habría terminado apagando de todas formas. No sé si se consumió, o lo consumí. En todo caso, aquello nos mató a los dos. Pensándolo bien, tampoco sé si ella tuvo algo que ver. Él nunca me dijo si le importaba en realidad. Supongo que no debería haberme hecho falta porque, ahora que el recuerdo acude de nuevo a mi mente, el arco iris no aparecía cuando la miraba a ella. Aparecía cuando me miraba a mí, cuando sus ojos se cruzaban con los míos y dejaban de ser marrones para convertirse en miles de destellos de colores. Ahora lo único que me queda es ahogarme en el apagado café. Él me quería, eso lo sé. No me lo dijo muchas veces, pero aquello se notaba. Yo lo notaba, él lo notaba. La gente que nos veía lo notaba. Era algo que no se podía negar y, aún así, dudaba. Yo dudaba y deseaba escucharlo de él. Tenía que asegurarme, que oírselo decir. La última vez que me dijo que me quería fue el día más triste de mi vida. No exagero. No ha habido demasiados días así en mi vida, de esos que se vuelven indestructibles. No tuve una gran mascota amada que se fue a vivir a una granja cuando era pequeña, ningún ser cercano que yo hubiera conocido que ya no esté. Nada. Hasta él. Con él llegó la primera persona a la que tuve un miedo atroz por el daño que podía causarme. Y sí, perdí a la única persona a la que me aterraba perder. Estoy pagando las consecuencias. Supongo que todo sería más fácil si me odiase. Sí, así yo podría decirme a mí misma que en realidad no tenía ningún motivo para odiarme, que era un gilipollas y mil cosas más para odiarle yo también, y el rencor lo haría todo más fácil. Pero no, joder, el muy imbécil tuvo que decirme que me quería. Era una despedida, y me dijo que me quería. En presente. Eso fue lo que me rompió.
He vuelto a leerlo todo y me sorprendo de lo mucho que he escrito sin darme cuenta.
Supongo que donde duele, inspira.
Musica
lunes, 31 de agosto de 2015
El resplandor / II. B. pasa de querer comerse el mundo a esconderse en una pequeña parcela - Standstill
miércoles, 26 de agosto de 2015
Do I wanna know?
La típica sensación de sentirse sola estando rodeada de gente, sin dolor ni tristeza; solo vacío. Ojos cansados, profundas ojeras. Cara pálida. Quizá su madre piense que es por haber estado enferma, pero ella sabe que no. Que no ha querido verlo pero esto viene de mucho antes y va a tardar en irse. Toda esa alegría y vida que tenía antes, ella sabe que tal vez nunca vuelvan, al igual que él. Se marchó y la dejó desnuda ante la multitud, abierta en canal, sin ayuda, sin soporte.
¿Qué hacer cuando se marcha la única persona que te hace sentir viva, cuando no quiere saber nada de ti el único amigo en el que confías plenamente? ¿Cómo sigues conviviendo contigo misma cuando la cagas con la única persona a la que no te perdonarías perder? Son preguntas sin respuesta, y la que más miedo da es, quizás, la más importante.
¿Cómo lo recuperas? Puedes hablarle pero sabes que lo más probable es que reaccione mal y te decepciones, todavía es muy pronto y necesitas encerrarte un tiempo en tu burbuja para volver a costruir la coraza de hierro que evita el dolor. Esta vez sola, sin depender de nadie, pues el escudo era él y te destrozó desde dentro.
Tal vez lo mejor para ella fuese quedarse así, inerte, flotando entre las estrellas sin el oxígeno que él le daba cuando la miraba con sus ojos castaños.
viernes, 21 de agosto de 2015
Marceline's death.
Oh, Marceline, my love! What have you done? What went wrong? Did the scars itch and had to scratch them, making them bleed, again? Hadn’t you learned? The heat burned your cheeks, the warmth numbed your feet. And so you couldn’t walk, and you couldn’t think, and you were suddenly his. And he kept your desires, and made it all clean. Clean like death. Just like you, a pretty girl now dead. Oh, Marceline, my dear! Why couldn’t you live? Now empty, such lovely façade. And he won’t even bury you, as you were fake. Soulless eyes, heartless lips. You stupid, little girl. Handn’t you learned? There will no longer be an ‘again’! So now lie here, on these broken dreams and cry yourself to sleep. Hear yourself and burn in the wind. Scratch scars and bleed thoughts of him.Oh, Marceline! Poor Marceline!”
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“Era una criatura hermosa, y ahora está demacrada.
¡Oh, Marceline, mi amor! ¿Qué te has hecho? ¿Qué fue mal?¿Las cicatrices ardían y tuviste que rascarlas, haciendo que volviesen a sangrar? ¿No habías aprendido ya? El calor te quemó las mejillas, la calidez adormeció tus pies. Así que no podías andar, y no podías pensar, y sin querer fuiste suya. Y él guardó tus deseos, y lo dejó todo pulcro. Pulcro como la muerte.Como tú, una chica bonita y ahora muerta. ¡Oh Marceline, querida! ¿Por qué no pudiste vivir? Ahora estás vacía, tan sólo una hermosa fachada. Y él ni siquiera te enterrará, pues eras todo mentira. Ojos sin alma, labios sin corazón. Pequeña estúpida. ¿No habías aprendido ya? ¡Nunca más habrá una ‘vez más’! Así que túmbate aquí, sobre estos sueños rotos y llora hasta quedarte dormida. Escucha tu llanto y quémate en el viento. Araña cicatrices y sangra memorias de él.¡Oh, Marceline! ¡Pobre Marceline!”
jueves, 20 de agosto de 2015
"Cotidie morimur, cotidie conmutamur et tamen aeternos esse nos credimus."
domingo, 16 de agosto de 2015
Esta montaña rusa que es mi vida.
Y cuando el corazón corre más que la mente, quizás aderezado con algo de alcohol, se producen los desastres.
Cuando te das cuenta es demasiado tarde y caes inevitablemente al vacío. Ya es por la mañana y tienes que arreglarlo. Te costará tragarte el orgullo y quizás unas cuantas lágrimas, pero mejor eso a pagar el precio de perderlo para siempre. Si no haces un esfuerzo para volver a ponerlo todo en su sitio, el corazón seguirá desbocado de angustia cada vez que lo pienses, las noches de insomnio perdurarán y tal vez tantas lágrimas acaben por disolverte el alma. Así que no esperes más y vuela.
viernes, 7 de agosto de 2015
Adiós, vacío.
Le quiero. Le quiero tanto como te quise a ti. Quizá más. He estado leyendo cosas que te escribí hace algunos meses, donde se hablaba de besos, de añorar el tacto de unas manos, de unos labios. Me he sorprendido a mí misma imaginándome sus besos, aunque los textos hablaban de ti. Nunca antes me había pasado, tú siempre estabas por encima de todos los demás, y ahora... Ahora él te eclipsa. Y es bonito, aunque me duelan los ojos al mirarlo directamente. Poco a poco, me digo. Poco a poco.
Ahora comprendo muchas cosas. Entiendo, por ejemplo, qué era esa extraña desesperación que me recorría las entrañas cuando me hablaba de ella. Yo podía creerme buena, la mejor amiga del mundo, pensando que lo único que quería era protegerle, evitar que le hiciesen daño, y estaba segura de que ella se lo haría. Tan solo ahora que lo veo todo claro me doy cuenta de que las razones eran mucho más egoístas. Estaba celosa, cómo no. Celosa de que aquella chica que no se merecía nada con él consiguiese a su lado lo que yo tanto ansiaba tener: felicidad. A veces todavía siento esa punzada en el pecho cuando me los imagino juntos, pero por una vez me he permitido confiar en alguien.
Supongo que esto significa que hemos acabado, el final de este baile de espadas que ha sido nuestra historia. No me entristece, si quieres que te sea sincera. Ya he conseguido de ti todo lo posible y, aunque todavía tengamos, tal vez, un par de cosas pendientes, eso puede esperar. Ahora me toca volar, volar lejos de ti. Quizá podamos ser amigos, de alguna forma, pero no caeré en tu trampa de nuevo. Se ha abierto la puerta y me voy. No sé si volveré, o volverás. Solo sé que prefiero estar lejos ahora que le tengo a él, aunque sabiendo lo unidos que estáis es posible que sea inevitable mantenerse cerca.
No pienso perderle por orgullosa, a él no.
Me tocará hacer gala de paciencia, quizá casi infinita, pero no imposible de tener. Nunca había tenido tanta con alguien, pero supongo que nunca nadie me había importado tanto como para tenerla. Lo cierto es que con él todo son sensaciones nuevas. Anoche tuve un sueño. Os juro por mi vida que lo tuve, que fue real. Se había muerto mi abuelo, y yo lloraba. Lloraba mucho, muchísimo. Estaba totalmente desquiciada. Sentía una desesperación demasiado real para ser un sueño, y tras muchos sollozos vi, encima de una mesa que antes no estaba ahí, la camiseta. SU camiseta, amarilla, de Wade. Y corrí a cogerla y la abracé, y me inundó una calma abrasadora. No era demasiado raro porque, como ya he dicho, era un sueño. Lo extraño fue despertar. Abrí los ojos y la almohada estaba empapada de lágrimas, como solía ocurrirme cuando tenía una de estas pesadillas, pero en cambio no sentía esa desolación propia de los momentos como ese. No fue hasta unos segundos más tarde, cuando me di cuenta de que lo que estaba abrazando era una sábana y no su camiseta, que la angustia se instaló en mi pecho e hizo que mi corazón latiese desbocado. Jamás alguien había tenido tanto poder tranquilizador sobre mí. A pesar del mal rato que pasé por la pesadilla, fue bonito saber que él podía calmarme en todo momento. Pero supongo que, si puede ayudarme a serenarme de esa manera, supongo que también podría hacerme perder el juicio. Y ahí llegó el miedo. El miedo a que se fuera, a que no me quisiera como yo le quiero, a seguir con esto, a pensar en él de esta manera, a confiar, a bailar sobre la cuerda floja. Miedo a perderlo, a que de verdad esté enamorado de ella, a que lo nuestro nunca sea nada más. Y también, en un rincón de mi mente, me da miedo que me quiera como yo le quiero. Me da miedo que sea un capricho como han sido otros tantos, me da miedo hacerle daño, romperlo. Sé que no es de cristal, pero jamás me perdonaría haberle hecho un solo arañazo. Teniendo en cuenta mi historial, quizás algún día me odie. Y esa posibilidad me aterroriza.
Y aquí estoy, entre inviernos y veranos, tempestades y océanos en calma, lágrimas, sonrisas, gritos, bailes, canciones, olvidos, recuerdos, pasado, futuro, saltos, bajones, cuchillos y corazones, naipes, futbolistas, fotos en blanco y negro y con gafas de sol, sueños y pesadillas, miedos y esperanzas, demonios y ángeles, amor y odio, tristeza y felicidad.
Aquí estoy, sintiéndome viva de nuevo (aunque a veces duela).
martes, 4 de agosto de 2015
¿Qué harías tú?
¿Qué harías tú con mis noches? ¿Qué harías con este vacío que ni la voz de Andrés Suárez puede llenar? ¿Qué harías con esta melancolía injustificada, con esta falsa sonrisa? ¿Qué harías con esta necesidad de compartir con alguien el peso sobre tus hombros y con el odio a ser una carga? ¿Qué harías con este injustificado miedo a perder, a sufrir, a doler? ¿Qué harías con la tristeza hecha canción de Hozier? ¿Qué harías con un futbolista maldito y un jugador de baloncesto clavado en el pecho? ¿Qué harías si la única persona a la que contarías lo que te pasa es la mayor parte del problema? ¿Qué harías si la única forma de conseguir algo de felicidad es a costa de la de alguien más? ¿Qué harías si una verdadera sonrisa llevase oculta el odio de una amiga?
Ya que yo parezco hacerlo siempre todo mal, dime.
¿Qué harías tú por otro beso?
