No quiero volver. No quiero sentir de nuevo la necesidad de rajar mi piel para estar tranquila. No quiero volver a mis malos vicios. Pero vuelvo. Vuelvo, y caigo por ese precipicio, al vacío. Porque vacía es como me siento, y para sentirme llena vaciaré mis venas, con esas cuchillas punzantes como sus palabras y los recuerdos que son como cuchillos clavados en mi corazón. Pero clávenlos enteros, que así, a medio clavar son más dolorosos. Que alguien se apiade de mí y me mate, o me haga feliz, pero que alguien termine con este sufrimiento, porque yo ya no puedo más.
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