Algunos rayos de sol se cuelan entre las nubes.
El cielo se resquebraja, igual que yo.
Y tú dando martillazos, de vez en cuando
en lugar de juntar mis pedazos.
Y cuando ella no se crea tus palabras
recuerda a quien le decías sinceros
los te quieros
y háblale de mí.
Cuéntale que te encantaba mi sonrisa
y que a sus espaldas en aquel cálido invierno
rozabas tu pierna con la mía
y te hipnotizaban mis ojos.
Dile que mis palabras tejían la red
con la que mi voz te atraía hasta mi boca
y te dejabas atrapar por mis labios
de los que quemaba apartarse.
Háblale que pensabas en ella después
y te mirabas las manos. nervioso
pero veías las mías y me probabas
a pesar de prometer no volver a hacerlo.
Y al final fuimos de cianuro
y nos envenenamos los dos pero
tu muerte fue rápida y te fuiste
dejándome aquí agonizante.
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