Musica

sábado, 21 de marzo de 2015

Niebla.

Corría el agua por la ventanilla
y el parabrisas la apartó
como el dorso de una mano amiga.
El frío se te metía en los huesos
como si quisiese hacer una visita
guiada por tu sistema nervioso,
y los dedos no se movían
y era un frío interior que la chimenea
no podía apartar con su llama más viva.

Muerta me sentía yo, insignificante
cada vez que veía las montañas y allí arriba
sus cumbres nevadas mirándome
a mí, que nunca alcanzaría la cima.

Aquella noche también fue de insomnio
y di vueltas sobre la cama, intranquila
pensando en que el tacto de la almohada en mi cara
eran sus dedos recorriendo mi mejilla.
Aquella mañana no se vieron las cumbres
y según avanzaba la subida
no se disipaba tampoco de mi mente
aquella pesada neblina.

Casi esperaba verlo allí,
que no fuese real la despedida,
que emergiese de entre la niebla
como en el mejor de los sueños y la peor pesadilla.

Quiero ser libre como el agua,
dijo la suicida
y acabó siendo un cadáver
río abajo boca arriba.
Y quiero un epitafio simple,
que sepa quien vea mi lápida
que yo fui asesinada
y su recuerdo el homicida.

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