Me asusté. Era como verme
reflejada en un espejo, completamente desnuda. Me sentía débil,
expuesta. Llegué a pensar que, en cualquier momento, alguien pronunciaría mi
nombre y tendría una a más de las que siempre he contado. Tan parecidas… Estaba
abierta en canal y todos a mi alrededor eran cuervos esperando a meterse bajo
mi piel para descubrir todos sus secretos antes de devorarme. Y yo les dejaría,
porque no sabía hacer otra cosa. Volví a mirar al negro rayo de luz que
iluminaba con sus palabras toda la sala y me di cuenta. Me di cuenta de que
aquella voz hablaba en vano, que tan solo unos cuantos iban a poder entenderla,
que al resto les daba igual. No podían comprender nada.
Y yo seguía, sola, absurda. Me aferré con fuerza a todas mis
grietas. No era el lugar ni el momento para resquebrajarse. Ellos querían
romperme. Ellos, solo ellos. Tantos y tan pocos. Mortales. Acabarían por
volverme loca y entonces los callaría. Vaya si lo haría. Pero no podía, porque
allí estaban los demás. Allí estaba la rosa que crece entre la maleza, la negra
luz que todo lo ilumina, el mar que te da libertad tan solo cuando quiere.
Y yo. Ahí estaba yo, abierta en
canal.
Y luchaba contra mi miedo a dejar escapar alguna palabra que
me expusiese todavía más. Miedo a abrirme, miedo a permitir que me conozcan.
Miedo. Esa palabra que no es nada y, sin embargo, lo es todo.
Al final decidí callar, permanecí callada mirándola,
escuchando cada una de sus palabras con mucha atención. Me veía ahí en un
futuro. Aquello era mi sueño. Todo lo que ella era, eso era mi sueño. La
verdad, era una buena fuente de inspiración. Un buen ejemplo a seguir. Y además
tenía razón, tenía que dejar atrás ese miedo. Tenía que abrirme, dejar que los
demás viesen lo que había en mi interior y afrontar las consecuencias.
Al fin y al cabo es mi sueño, y si hace falta empezar una guerra
contra mí misma tiraré la primera piedra, pero lucharé por cumplirlo.
Contempla ese reflejo y posa tu mirada en todo su ser lentamente. Vislumbra lo que deseas con mucha delicadeza, con mucha claridad. Empieza a escribir hasta cubrir de palabras toda la superficie del espejo. Tu voluntad se clavará tan hondo que, cuando te des cuenta, ya habrás traspasado el lado de la realidad en el que ahora te encuentras.
ResponderEliminarNo te preocupes por la masa infestada de cuervos: al otro lado los pájaros no son negros, y te ofrecen gentilmente sus alas.
Todo es cuestión de paciencia y de pulcritud.
Mucho ánimo y, por favor, sigue escribiendo (y hazme llegar tus escritos, a mí estas pocas líneas me han calado en lo más hondo).