Era como volar, libre de nuevo, en aquellos ojos del color de la marihuana que me habían atrapado más rápido que cualquier droga. Era todo lo que necesitaba, imposible desear dejar aquella boca que sabía llenar sin palabras cada momento de silencio.
Y me miraba y sonreía y no quería nada más. Que fuese eterno mientras durase, sabía que sí. Que sería infinito durante un tiempo limitado. Pero no volvería a cometer ese error, iba a disfrutar de aquella voz que me hacía reír entre beso y beso con cualquier tontería. Quería echarlo de menos, quería abrazarlo, morderle los labios. Quería pasear de su mano y dormir a su lado. Quería que fuese él a su manera. Quería fingir escucharle mientras pensaba en el siguiente beso.
Le quería a él y no sabía cómo había pasado, pero estaba feliz. Él me hacía así y, por una vez, nadie pudo hacer nada. Apartaba con cada mensaje los miedos de mi mente y la tristeza no tenía sitio entre su recuerdo. Era como el sol tras un diluvio universal y empezaba a ver la tierra estando en el medio del océano en pleno temporal. Ahora estaba en sus manos, podía hacerme naufragar. Tan solo esperaba que no lo hiciera, iba a permitirme confiar por una vez, permitirme enamorarme.
Iba a permitirme ser feliz.
Y con o sin él iba a conseguirlo.
Musica
lunes, 11 de mayo de 2015
Incluso a la deriva seguía el rumbo que marcaban tus lunares.
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