Musica
viernes, 27 de marzo de 2015
día.
El cielo se resquebraja, igual que yo.
Y tú dando martillazos, de vez en cuando
en lugar de juntar mis pedazos.
Y cuando ella no se crea tus palabras
recuerda a quien le decías sinceros
los te quieros
y háblale de mí.
Cuéntale que te encantaba mi sonrisa
y que a sus espaldas en aquel cálido invierno
rozabas tu pierna con la mía
y te hipnotizaban mis ojos.
Dile que mis palabras tejían la red
con la que mi voz te atraía hasta mi boca
y te dejabas atrapar por mis labios
de los que quemaba apartarse.
Háblale que pensabas en ella después
y te mirabas las manos. nervioso
pero veías las mías y me probabas
a pesar de prometer no volver a hacerlo.
Y al final fuimos de cianuro
y nos envenenamos los dos pero
tu muerte fue rápida y te fuiste
dejándome aquí agonizante.
miércoles, 25 de marzo de 2015
Números naturales (naturalmente tristes).
Seis meses era mucho tiempo, y seis caricias demasiado pedirte.
Seis días contigo y seis horas a tu lado. Seis puñaladas.
Dos besos. Tres días antes de fin de año.
Tantas veces que te volviste cursi conmigo también.
Dieciséis lágrimas no derramadas.
La desesperanza de una decisión ya tomada e inevitablemente llevada a cabo desde ya.
Demasiados pensamientos, demasiada lluvia.
Demasiado dolor para seguir escribiendo.
martes, 24 de marzo de 2015
La persistencia de la memoria.
sábado, 21 de marzo de 2015
Niebla.
Corría el agua por la ventanilla
y el parabrisas la apartó
como el dorso de una mano amiga.
El frío se te metía en los huesos
como si quisiese hacer una visita
guiada por tu sistema nervioso,
y los dedos no se movían
y era un frío interior que la chimenea
no podía apartar con su llama más viva.
Muerta me sentía yo, insignificante
cada vez que veía las montañas y allí arriba
sus cumbres nevadas mirándome
a mí, que nunca alcanzaría la cima.
Aquella noche también fue de insomnio
y di vueltas sobre la cama, intranquila
pensando en que el tacto de la almohada en mi cara
eran sus dedos recorriendo mi mejilla.
Aquella mañana no se vieron las cumbres
y según avanzaba la subida
no se disipaba tampoco de mi mente
aquella pesada neblina.
Casi esperaba verlo allí,
que no fuese real la despedida,
que emergiese de entre la niebla
como en el mejor de los sueños y la peor pesadilla.
Quiero ser libre como el agua,
dijo la suicida
y acabó siendo un cadáver
río abajo boca arriba.
Y quiero un epitafio simple,
que sepa quien vea mi lápida
que yo fui asesinada
y su recuerdo el homicida.
lunes, 16 de marzo de 2015
"La galería no era para indagar en vuestras almas. La galería era para ver si teníais alma."-Nunca me abandones.
Lejos. Le quería lejos.
¿Por qué los cristales pueden romperse más al cortar?
¿Por qué después de amanecer sigue siendo de noche?
Dime por qué duele tanto este disparo si no me queda sangre que derramar.
¿Por qué le siento como un madrileño siente al mar?
Dime por qué se deshace el sueño en mi boca y no cierro los ojos.
Dime por qué te veo cuando no estás y cuando estás no puedo verte.
Se repite, la rutina se repite. Y no hay nada que podamos hacer para acortar la distancia que nos está matando.
Nos queremos o eso creo, pero las cuerdas tiran de él hasta el fondo de la fosa más profunda y yo me quedo agonizante en la superficie.
Ya sabéis que soy mujer de mar, los abismos son mi medio natural.
Cerca. Le quiero cerca.
Pero no podemos, porque él quema y derrite mi Antártida con solo una mirada.
Le quiero cerca, tan cerca que no podamos respirar y, agotados, nos quedemos dormidos sin pastillas ni gritar.
Le quiero tan cerca que sus manos se confundan con las mías y las lágrimas se sequen en los labios.
De nuevo esta sensación irónica de sentirme llena de vacío. De nuevo los días, las palabras, las miradas se marcan como cardenales en mi piel. Y no está él, para darme de su medicina o al menos matarme sin dolor. Nunca está.
Pero le quiero libre y preso.
Le quiero hielo y fuego.
Le quiero muerte y vida y le quiero sueño.
Le quiero dormido y despierto.
Le quiero suyo y le quiero de nadie.
Le quiero mío.
Le quiero.
martes, 3 de marzo de 2015
Memorias de un ataque ansiado.
Me verás morir antes de pedirte ayuda. Es demasiado tarde. Te avisé, te dije que te fueras. Ahora te arrastro al vacío. Arde conmigo, maldita sea. Me destrozaste y nos voy a romper. Es venganza o autodestrucción. Es mi esecia, al fin y al cabo. Pedazos de cristal empapados en sangre. Café negro, negro como mi alma. Amargo. Solo quiéreme, quiéreme o te cortaré las alas. Ella te las ha dado, pero fuiste tú quien decidió como usarlas. Esta vez volaste tú hacia mí y no fui yo la que agónicamente se arrastró a tus pies. Ahora estoy de pie. No veo más que a ti. Los bordes de mi mirada están borrosos. Contigo tan cerca no se puede tener frío. No se puede respirar, con este dolor en el pecho. Dame de tu agua del eterno dolor y vete antes de que cumpla mis promesas. ¿Por qué no hacemos como que nos odiamos y nos alejamos poco a poco como Europa de América? Eso es. Tú sigue haciendo como que no me quieres que yo todavía puedo fingir un poco más que no me importa. Somos como dos actores interpretando una escena tragicómica y todo el mundo a nuestro alrededor sabe que es falsa. Pero nos hemos metido tanto en el papel que nos hemos creído nuestro propio miedo y ahora es tan real como tus ojos.
Tírame al vacío pero cae conmigo que con algo de suerte no tendrá fondo.
lunes, 2 de marzo de 2015
Dieciséis y medio.
Porque el dolor es amargo y
porque la venganza es dulce.
Por tus ojos marrones.
Por tu mirada transparente.
Por tus camisas.
Por tus abrazos
y por tus risas.
Por cantarme Camela y
por ponerte colorado
Por mentirme
porque ambos sabemos la verdad,
por intentar disimular.
Por hacer que me ponga roja
por acercarte demasiado.
Por enseñarme nuevas canciones de Melendi
y por ser tú.
Porque quizás el chico de piedra se cortó con uno de mis cristales rotos.
Dieciséis razones y media para quererte.