Nada.
Ya no hay nada.
Ni siquiera sé
por qué te fuiste
solo sé que ya no estás.
Tal vez pensé
que no podía pasarnos;
no,
no a nosotros.
Pero aún así
pasó
y ahora estamos tan separados
como esas estrellas
que queríamos ser;
eternos,
sin darnos cuenta de que
las estrellas que más brillan
son las que antes se consumen.
Musica
martes, 26 de mayo de 2015
Supernova.
jueves, 21 de mayo de 2015
Criptonita.
Estaba en la ventana de siempre con las sombras de los árboles danzándole en la cara y las del insomnio bajo los ojos. Estaba serie y era pálida, muy pálida. Era como una mezcla entre la princesa atrapada en su torre y una vampiresa capaz de permanecer bajo la luz del sol.
Bella, fría. Letal.
Esta vez era distinta a las demás. No me daba miedo, no tenía esas ganas irracionales de salir corriendo. Al contrario, caminaba despacio y la miraba, tratando de memorizar cada detalle. Era condenadamente guapa, de eso no había duda. Tal vez podría dibujarla luego.
Al mirarla así descubrí cosas que, o nunca había apreciado. o simplemente no había querido ver. Me di cuenta de aquella especie de aureola oscura que la rodeaba.
No me toméis por demente, no era algo físico. Era etéreo y aún así... Era como que se sentía.
No pude darle demasiadas vueltas, porque ella levantó del todo la cabeza y me miró. Me miró fijamente y mis talones se clavaron en el suelo negándose a alejarme de aquellos ojos. Tendríais que haberlos visto...
Qué ojos tan claros y, a la vez, pozos negros de vacío y caos, Era como mirar a los ojos a la muerte, ¡y qué tristes!
Decian, no, gritaban (sí, gritaban) vete, corre, huye lejos de aquí. Y a la vez te mantenían allí, con los pies pegados al asfalto, incapaz siquiera de apartar la mirada.
Nunca me había pasado algo parecido, aquellos ojos rotos te atrapaban y te sentías como perdido, desorientado. Quería escalar el muro de la torre y salvar a mi princesa (o apuñalar a la vampiresa).
Pero ella cambió de mirada, una tristeza que pedía rescate, y entonces pude ver sus brazos. Y lo comprendí.
Se metió dentro de casa y yo miré hacia arriba antes de volver a la mía.
¡Qué contraste tan bonito, el cielo tan azul y ella tan gris!
sábado, 16 de mayo de 2015
Perdida.
Tenía perdida no solo la mirada.
Tenía el alma escondida quién sabe dónde,
tal vez un pedazo en cada bolsa de viaje
en cada corazón que había visitado.
Y estaba tan rota que cortaba
pero ya no importaba nada porque
él soportó el dolor de cada espina
y la recompuso pieza a pieza
como un rompecabezas de hielo, frágil
con bordes de cristal afilado
que forma la más bella imagen que el río
haya visto jamás reflejada en su piel.
Miraba el sol desde la orilla
y se quedaba en la sombra por miedo
de que tanta felicidad la deslumbrase,
pero él apartó los temores
y la arrastró a la luz tapándole los ojos
y cuando poco a poco se apartó, ella los abrió
sorprendida porque no la había cegado
la belleza del mundo que ella veía en su oscuridad.
Y se asustó cuando mil hormigas
le subieron por la espalda
al ver aquellos ojos tan cerca de su cara.
Y al final el calor del sol los fundió
a ambos y fueron uno.
Los fundió, y fueron luz.
A Paula, por sacarme increíbles fotos a traición que me inspiran.
lunes, 11 de mayo de 2015
Incluso a la deriva seguía el rumbo que marcaban tus lunares.
Era como volar, libre de nuevo, en aquellos ojos del color de la marihuana que me habían atrapado más rápido que cualquier droga. Era todo lo que necesitaba, imposible desear dejar aquella boca que sabía llenar sin palabras cada momento de silencio.
Y me miraba y sonreía y no quería nada más. Que fuese eterno mientras durase, sabía que sí. Que sería infinito durante un tiempo limitado. Pero no volvería a cometer ese error, iba a disfrutar de aquella voz que me hacía reír entre beso y beso con cualquier tontería. Quería echarlo de menos, quería abrazarlo, morderle los labios. Quería pasear de su mano y dormir a su lado. Quería que fuese él a su manera. Quería fingir escucharle mientras pensaba en el siguiente beso.
Le quería a él y no sabía cómo había pasado, pero estaba feliz. Él me hacía así y, por una vez, nadie pudo hacer nada. Apartaba con cada mensaje los miedos de mi mente y la tristeza no tenía sitio entre su recuerdo. Era como el sol tras un diluvio universal y empezaba a ver la tierra estando en el medio del océano en pleno temporal. Ahora estaba en sus manos, podía hacerme naufragar. Tan solo esperaba que no lo hiciera, iba a permitirme confiar por una vez, permitirme enamorarme.
Iba a permitirme ser feliz.
Y con o sin él iba a conseguirlo.
jueves, 30 de abril de 2015
Dream of dreams.
viernes, 17 de abril de 2015
No te pido que lo olvides, tan solo que no lo recuerdes.
Abrázame, y no me digas nada solo abrázame, me basta tu mirada para comprender que tú te irás.
Cantaba de madrugada Iván Ferreiro con aquella rasgada voz viguesa lo que Julio Iglesias escribió para nosotros.
Lo que ninguno de los dos pudo jamás predecir fue que tú y yo, como unos Romeo y Julieta que sobreviven a la tragedia shakesperiana y se fugan juntos, iríamos contracorriente hasta dar la vuelta a la canción.
Quién nos iba a decir que serías tú quien pediría mis abrazos y yo la que te daría la espalda para irse sin decir adiós. Lo siento, sé que te dije que iba a quedarme, pero no puedo. Por ti caminaría descalza sobre cristales rotos, pero no me pidas otra vez que permanezca a tu lado porque entonces no seré capaz de traicionarte y seguiré muriendo lentamente viéndome reflejada en el veneno de tus ojos. Dulce asesinato, pero homicidio al fin y al cabo.
No te quedes ahí, acusándome de cruel con esa mirada que dice "sé que no lo harás". No me subestimes, cariño, porque lo haré. Lo haré y me perderás, y te perderás y me perderé pero esta vez lo haremos por distintos caminos, y tal vez no nos volvamos a encontrar.
Párate a pensarlo un momento. Cierra los ojos y vuela, imagíname lejos de ti. ¿Sientes esa opresión en el pecho? Sí, yo también, pero no puedo quedarme. Me estoy volviendo cuerda en este mundo de locos que me tacharon de loca siendo yo ls más cuerda. Hablando de cuerdas, dame una para colgarme de tu cuello y nunca me sueltes ya que no piensas dejarme ir.
Dime que todavía no es tarde para enderezar esta media sonrisa torcida.
Y cuando me vaya no olvides que me desharé en lágrimas que con el tiempo se evaporarán, pero volveré con la lluvia y entonces recuérdame. Recuerda el tiempo que pasamos en el ojo del huracán antes de que se desatase la tormenta, recuerda mis ojos y mis manos. Mi voz.
Pero solo cuando llueva.
Deja al sol salir y que ella sea tu anticiclón, tu calor, tu playa y tu sudor, tu sabor a agua salada y tu verano.
¿Quién piensa en las borrascas en pleno agosto?
miércoles, 1 de abril de 2015
Shakespeare.
La miró a los ojos. Ella era todo lo que había soñado. Él, todo lo que ella había querido siempre. Ellos, todo lo que sus padres habían buscado para sus hijos, pero sus padres no tenían ni idea.
Veían dos amigos de la infancia que habían pasado a ser algo más. Una pareja joven, dulce y tierna, que bebía coca cola en las terrazas al sol y paseaban de la mano por las calles de la ciudad.
Y en realidad eran dos críos enamorados hasta las trancas. Una pareja de bestias, que se emborrachaban y drogaban en los parques cada noche y follaban como animales en callejones oscuros y desiertos.
Eran dos jóvenes autodestruyéndose, queriéndose, intentando sobrevivir en aquella jungla y frenesí que sus padres habían creado. Tratando de ser ellos mismos, cambiando los clubs de golf por el parque de la esquina, las fiestas caras por las discotecas repletas de alcohol y droga barata. Cambiando la langosta por una hamburguesa del McDonald's y los coches de lujo por un billete del bus. La ropa de marca por chándales y zapatillas robadas y los cócteles y puros por porros y vodka del palo.
Él había dejado de ir a la Iglesia, había encontrado un nuevo templo entre las piernas de su chica, y aquel dios le aportaba más que cualquier cosa.
Ella había dejado de visitar a su abuela los domingos por la mañana, porque nunca se despertaba antes de la hora de comer y lo hacía con tal resaca que la anciana tendría que cuidarla a ella.
Aquel día salieron, como todos los sábados. Pillaron la mejor coca que pudieron sacarle al sudaca de la esquina del colegio y salieron disparados. La ventanilla del coche estaba abierta y a ella le zumbaban los oídos porque él iba saltándose todos los límites de velocidad.
Paró el coche en el parque de siempre y cogió las botellas del asiento de atras mientras ella se hacía el tercer porro de la noche. Estaba preciosa con la sudadera gris y la melena al viento. Era una pena. Ella se levantó y abrió el maletero del coche. Cogió la navaja que sabía que él tenía allí escondida y se la tiró. "Hazme una raya". Claro que te voy a hacer una raya, hija de puta.
Un recuerdo llegó a su mente.
Su chica sonriéndole desde el portal.
Primera raya.
Su chica entrando en casa.
Segunda.
Él volviendo al coche.
Tercera.
Él en su habitación.
Cuarta.
Él volviendo a casa de su chica a pos las llaves.
Quinta.
Él viendo a su chica follarse a otro a través de la ventana.
La sexta raya fue desde el pecho hasta el abdomen.
No gritó. Se llevó una mano al pecho, pero no porque le doliese. Sacó una pistola. Le apuntó a la cabeza. Él no se movió.
"Oh, Romeo, Romeo. Eres un capullo. Te amo, Romeo. Muere conmigo."
Disparó.
Les encontraron así, abrazados. Muertos.
Cuatro abogados zanjaron el asunto. Suicidio, dijeron.
Sus padres les sometían a demasiada presión, sí, seguro que era eso. Tal vez estaban locos, o simplemente demasiado cuerdos. Esa parte se la dejaron a la gente.
Lo que nadie en todo el país se atrevió a dudar es que se amaban. Y fuese donde fuese, cielo infierno o ataúd, se seguían amando.