De nuevo está pasando, se ha partido la cuerda floja sobre la que caminabas hacia ella, y has caído.
De nuevo has hecho caso omiso de mis advertencias, cuando te decía que si consiguieras pasar ella te empujaría de nuevo al precipicio.
Y aquí estás, aquí estamos.
De nuevo te has estrellado contra el suelo, de nuevo todos los huesos rotos y el alma quebrada.
Otra vez has levantado entre nosotros el muro etéreo de tu orgullo que me impide ir a curarte las heridas.
Nos estás matando. Me va a consumir la impotencia.
Sabes que no puedes sobrevivir sin mí, ¿por qué te empeñas en alejarme?
Morirás. Morirás en vida el día que me resigne y acepte la distancia que impones entre ambos. Ya no volveré y se curarán los huesos, pero el alma... No la cura el tiempo, y nos dolerá a los dos no tener al otro.
No me alejes de ti, sabes que no quiero irme.
Tal vez tenga demasiadas ganas de qudarme.
Musica
lunes, 29 de junio de 2015
Repetición.
viernes, 29 de mayo de 2015
No todo lo eterno es bonito.
Duele. ¿Por qué a mí? No debería. Si eres masoca, si quieres llorar. No es mi culpa. Yo te he avisado. Tal vez no soy la más indicada para hablar, pero al menos he aprendido, y trato de enseñarte. Pero no me dejas. No me dejas ayudarte y eso me está destrozando. Como ella va a destrozarte a ti. Y no sé por qué lo siento yo, como si te llevase en la piel. Te llevo en la piel y te siento como a una herida abierta. Parece insignificante, pero escuece.
No sé por qué no aceptas consejos, por qué no quieres seguirlos. Te va a hacer daño y ahí estaré yo para levantarte y enseñarte de nuevo a caminar. Supongo que es lo que hicieron conmigo y ahora me corresponde a mí hacerlo. ¿Karma, tal vez? Nunca creí que al Universo realmente le importasen nuestras cosas. Quiero decir, si de verdad quisiera felicidad para todos, equilibrio. ¿Por qué inventar el amor? Nunca comprendí al Universo, y supongo que él está demasiado ocupado como para tratar de comprendernos a nosotros. Ser infinito debe ser duro. Si yo fuese infinita no lo soportaría.
Felicidad y amor por siempre, sí, pero ¡el dolor también es sempiterno!
martes, 26 de mayo de 2015
Supernova.
Nada.
Ya no hay nada.
Ni siquiera sé
por qué te fuiste
solo sé que ya no estás.
Tal vez pensé
que no podía pasarnos;
no,
no a nosotros.
Pero aún así
pasó
y ahora estamos tan separados
como esas estrellas
que queríamos ser;
eternos,
sin darnos cuenta de que
las estrellas que más brillan
son las que antes se consumen.
jueves, 21 de mayo de 2015
Criptonita.
Estaba en la ventana de siempre con las sombras de los árboles danzándole en la cara y las del insomnio bajo los ojos. Estaba serie y era pálida, muy pálida. Era como una mezcla entre la princesa atrapada en su torre y una vampiresa capaz de permanecer bajo la luz del sol.
Bella, fría. Letal.
Esta vez era distinta a las demás. No me daba miedo, no tenía esas ganas irracionales de salir corriendo. Al contrario, caminaba despacio y la miraba, tratando de memorizar cada detalle. Era condenadamente guapa, de eso no había duda. Tal vez podría dibujarla luego.
Al mirarla así descubrí cosas que, o nunca había apreciado. o simplemente no había querido ver. Me di cuenta de aquella especie de aureola oscura que la rodeaba.
No me toméis por demente, no era algo físico. Era etéreo y aún así... Era como que se sentía.
No pude darle demasiadas vueltas, porque ella levantó del todo la cabeza y me miró. Me miró fijamente y mis talones se clavaron en el suelo negándose a alejarme de aquellos ojos. Tendríais que haberlos visto...
Qué ojos tan claros y, a la vez, pozos negros de vacío y caos, Era como mirar a los ojos a la muerte, ¡y qué tristes!
Decian, no, gritaban (sí, gritaban) vete, corre, huye lejos de aquí. Y a la vez te mantenían allí, con los pies pegados al asfalto, incapaz siquiera de apartar la mirada.
Nunca me había pasado algo parecido, aquellos ojos rotos te atrapaban y te sentías como perdido, desorientado. Quería escalar el muro de la torre y salvar a mi princesa (o apuñalar a la vampiresa).
Pero ella cambió de mirada, una tristeza que pedía rescate, y entonces pude ver sus brazos. Y lo comprendí.
Se metió dentro de casa y yo miré hacia arriba antes de volver a la mía.
¡Qué contraste tan bonito, el cielo tan azul y ella tan gris!
sábado, 16 de mayo de 2015
Perdida.
Tenía perdida no solo la mirada.
Tenía el alma escondida quién sabe dónde,
tal vez un pedazo en cada bolsa de viaje
en cada corazón que había visitado.
Y estaba tan rota que cortaba
pero ya no importaba nada porque
él soportó el dolor de cada espina
y la recompuso pieza a pieza
como un rompecabezas de hielo, frágil
con bordes de cristal afilado
que forma la más bella imagen que el río
haya visto jamás reflejada en su piel.
Miraba el sol desde la orilla
y se quedaba en la sombra por miedo
de que tanta felicidad la deslumbrase,
pero él apartó los temores
y la arrastró a la luz tapándole los ojos
y cuando poco a poco se apartó, ella los abrió
sorprendida porque no la había cegado
la belleza del mundo que ella veía en su oscuridad.
Y se asustó cuando mil hormigas
le subieron por la espalda
al ver aquellos ojos tan cerca de su cara.
Y al final el calor del sol los fundió
a ambos y fueron uno.
Los fundió, y fueron luz.
A Paula, por sacarme increíbles fotos a traición que me inspiran.
lunes, 11 de mayo de 2015
Incluso a la deriva seguía el rumbo que marcaban tus lunares.
Era como volar, libre de nuevo, en aquellos ojos del color de la marihuana que me habían atrapado más rápido que cualquier droga. Era todo lo que necesitaba, imposible desear dejar aquella boca que sabía llenar sin palabras cada momento de silencio.
Y me miraba y sonreía y no quería nada más. Que fuese eterno mientras durase, sabía que sí. Que sería infinito durante un tiempo limitado. Pero no volvería a cometer ese error, iba a disfrutar de aquella voz que me hacía reír entre beso y beso con cualquier tontería. Quería echarlo de menos, quería abrazarlo, morderle los labios. Quería pasear de su mano y dormir a su lado. Quería que fuese él a su manera. Quería fingir escucharle mientras pensaba en el siguiente beso.
Le quería a él y no sabía cómo había pasado, pero estaba feliz. Él me hacía así y, por una vez, nadie pudo hacer nada. Apartaba con cada mensaje los miedos de mi mente y la tristeza no tenía sitio entre su recuerdo. Era como el sol tras un diluvio universal y empezaba a ver la tierra estando en el medio del océano en pleno temporal. Ahora estaba en sus manos, podía hacerme naufragar. Tan solo esperaba que no lo hiciera, iba a permitirme confiar por una vez, permitirme enamorarme.
Iba a permitirme ser feliz.
Y con o sin él iba a conseguirlo.